
Tengo que ir a la peluquería y lo estoy dejando correr. Tal vez porque el otro día me contó mi hermana que estaba en una etapa de transición sin retorno al mundo de las canas al aire. No sé que le hicieron que le dejaron el pelo verde. A continuación, tenía que decidir si salir a la calle como un extraterrestre o como una madurita de cabello caoba indefinido. Optó por la segunda opción. Hubo que volver al tinte cobrizo sin remisión. Y digo bien cobrizo y no rojo pasión, una tonalidad horrible pero que se ve mucho por la calle. ¿En qué peluquería harán esos tonos rojos guinda insultante?
¿Qué pasa en algunas peluquerías? ¿Dónde están los verdaderos profesionales? ¿Las cadenas baratas no funcionan? Con está política, los buenos peluqueros salen ganando y mucho, porque sus facturas son un poco desorbitadas. La diferencia de precio es abismal y lo que es peor la seguridad con el color, el corte y la coloración también. Los resultados pueden ser tan distintos como el precio que se cobra por cada tipo de servicio. A veces un simple champú o una ampolla nutritiva.
Esa nueva moda de que sólo lo astronómicamente caro es bueno tiene que acabar. Queremos peluquerías decentes por un precio decente. Bueno, barato y por supuesto, bonito. ¿Estamos de acuerdo?
Estas dos primeras imágenes pertenecen a la Colección Coloración otoño-invierno de Yolanda Aberasturi para L´Oréal Professionnel.

Abajo, Cebado propone dar un corte a tu melena y unos reflejos de color. Tal vez pueda ser esa una solución para esos pelos que piden a gritos una sesión de peluquería
