Luis Aragonés, seleccionador nacional, ha vuelto a comentar hoy que no puede haber dos seleccionadores. Vuelve a avivar la polémica que el mismo ha encendido en torno a su sucesión. Luis anunció en su momento que no seguiría al frente de España, lo dijo él sin que nadie le obligara. Por lo tanto todo lo que viene ahora arranca de una iniciativa suya.
Este asunto no debería enquistarse. A la Federación Española de Fútbol le gustaría dar a conocer el nombre del nuevo seleccionador para evitar especulaciones, es decir, para tranquilizar el ambiente y dejar que el equipo nacional piense sólo y exclusivamente en sus partidos. Luis ha impedido ya con sus declaraciones que su sucesión sea normal. Y lo peor de todo es trasladar al ambiente de la selección la agitación propia de las concentraciones antes de los grandes eventos. Camacho, Clemente, el propio Luis han comentado en más de una ocasión el temor que les inspiran los quince días de concentración anteriores al debut en una Eurocopa o en un Mundial, cuando cualquier detalle puede hacer saltar pedazos el ambiente, consecuencia directa del tedio de los días sin "noticias", insufrible para la piel del periodista que día a día sigue los avatares del equipo y que está obligado a ofrecer a sus redacciones centrales algo digno de llevar a las portadas.
La Federación tiene todo el derecho del mundo a elegir con tranqulidad el nuevo seleccionador. Luis quiere controlar su salida y los tiempos de la negociación de su relevo. No tiene derecho alguno a pensar así. Al final saldrá el nombre del nuevo y todos miraremos al "Sabio de Hortaleza" para asistir a su reacción, la que está anunciando según la cual se marcha y punto, o la que ya hemos visto otras veces, esto es, se calla y sigue. Todo esto en la antesala de un interesantísimo partido ante Francia, selección a la que sólo hemos ganado una vez en los últimos 25 años.