
A estas alturas de la temporada los equipos se juegan mucho pero esto no lo justifica todo. Hace unos días un empleado del
Real Madrid me comentaba que
Marcelo era una persona mas equilibrada este año, que había vuelto de las vacaciones de Navidad tras casarse en Río de Janeiro y que estaba esperando su primer hijo. Me contaba también que
Pepe es su guía espiritual, que es el compañero que le explica en todo momento el lugar que ocupa, el que le da todos los consejos. Y debe ser cierto después de ver el papelón que los dos hicieron en el partido ante el Getafe. En ambos casos, imperdonable.
Pepe perdió los nervios durante mucho rato, no un instante como es lo habitual en mucha gente. Primero le da dos alevosas patadas a un rival,
Casquero, que estaba boca abajo en el suelo. Luego le propina un puñetazo a
otro adversario, Albín. De camino a los vestuarios, ya han pasado unos minutos, le dice al cuarto árbitro que son todos unos
"hijos de puta" según recoge el propio árbitro en su acta. Y minutos después, tiempo de sobra para tranquilizarse, se salta todas las normas y celebra el tercer gol en una esquina con sus compañeros. El colmo. Y si lo de
Pepe es malo lo de Marcelo no lo mejora. Al margen de lo que le dijera el futbolista del Getafe,
Cata Díaz, Marcelo estuvo la última media hora del partido insultando y humillando al Getafe. Impropio de un jugador del Madrid. Si
Pepe es quien le da los consejos a
Marcelo está claro que alguien debería explicarle una cosa a los dos, que ser jugador del Madrid implica el respeto a unos valores eternos. No se trata sólo de ser un buen central o un lateral que corre mucho por la banda, se trata, además, de ser futbolista y ayer no lo fue ninguno de los dos. Entiendo que todos los jugadores deberían respetar ciertos valores, pero especialmente los de los equipos mas importantes. Ellos tienen la suerte que les faltó a otros y han de mostrar la grandeza que se le reconoce a las instituciones que defienden. De lo contrario, equivocaron el destino.
JUAN CARLOS RIVERO.