
Tres años después el
Barça podría repetir esta imagen, con otras caras. Podría ser después de que eliminara al Chelsea en la última jugada del partido, y en el único remate a los tres palo en 94 minutos. Hasta ahora sabíamos que el Barcelona tiene muy buenos jugadores y
juega muy bien al fútbol pero ahora tenemos la certeza de que es un equipo terrenal y también gana cuando la suerte le sonríe, el árbitro se equivoca y la fe no le abandona. Celebro que este gran Barça que está haciendo una temporada
EXTRAORDINARIA Y UNICA EN EL FUTBOL ESPAÑOL también gane como los seres humanos, con un gran gol y con mucha potra para entendernos. Como ya he comentado en un post anterior no comparto la tesis del coro mediático del Barcelona según el cual ha de ganar los partidos porque son los que mas proponen, los que mas arriesgan, los que mas nos divierten. Esto no es justo. No se puede decir que la temporada le debe títulos al Barcelona porque eso implica menospreciar a los demás. Y el resto juega como puede y con lo que tiene. Cuando el miercóles en Valencia
Barça y Athletic arranquen la final todo habrá que analizarlo desde el minuto cero, y ganará el que lo merezca, al margen de que todos seamos capaces de designar un favorito a priori. Pero no podríamos, ni debemos menospreciar al
Athletic porque no tiene a
Messi, Iniesta o Xavi, porque su propuesta es otra, o porque durante una fase de la liga han luchado por no caer en zona peligrosa. El fútbol es una fiesta y le pertenece a todos. A los que juegan muy bien, y a los que juegan como pueden. Si creo, por otra parte, que el
Chelsea pagó su falta de inteligencia para intentar retener el balón con un jugador más y no dedicarse sólo a pelotazos muy mezquinos. Cuando pudo cerrar el partido se conformó con aguantar hasta el final. Y lo pagó caro. El Barça tiene un mérito increíble pero que sus maravillosos árboles no nos dejen ver el bosque. Es un gran equipo pero a veces las cosas no salen y entonces aparece la épica. Como al resto de los mortales. Celebro que este
Barça sea humano. JUAN CARLOS RIVERO