La
primera jornada de la Copa Confederaciones nos permitió ver el debut de España, y de paso al resto de equipos del grupo de nuestra selección. La verdad es que no da para mucho. España es infinitamente superior a Nueva Zelanda, como se apreció y no digamos a los dos equipos que abrieron el torneo, Irak y los anfitriones, Sudáfrica.
Este tipo de campeonatos sólo le gustan a la FIFA. Cómo es fútbol, y es España, la campeona de Europa, lo vemos; pero la exigencia para los jugadores es tremenda en relación a lo que pueden conseguir.
Me quedo con la profesionalidad de la selección, jugadores y cuerpo técnico, para encarar cómo están haciendo el torneo. Defendiendo su bandera, su estilo y su condición de campeones.
Hay que reconocerles el mérito porque cuesta motivarse ante un grupo de selecciones que no dan ni para primera fase de un Mundial. Vale que en el otro grupo están Brasil e Itallia. Pero, sinceramente, se hace poco.
Nunca me ha gustado que al lado de torneos de la envergadura de una Eurocopa o un Mundial, y en menor medida la Copa de América o la Copa Africa, se inserte esta Copa Confederaciones, que no deja de ser una Intercontinental de clubes alargada, lo que ahora es el Mundialito de clubes.
Ninguno de los dos siguientes rivales puede hacer nada ante España. Aunque ya sabemos que en fútbol la sorpresa siempre está ojo avizor. Pero no parece probable. Así que la temperatura del torneo subirá cuando lleguemos a semifinales. Más o menos lo que pasa con los torneos que no tienen envergadura, aunque los inflemos artificialmente. No cuela. No, en un calendario tan cargado y enloquecido. Al menos queda el consuelo de que nos gustará ganarla, sobre todo para que el Mundo siga atento a esta extraordinaria y jóven selección.
JUAN CARLOS RIVERO.