
La derrota de anoche frente a los rusos del
Rubin Kazan abre todos los debates sobre la situación actual del Barça. Su entrenador
Guardiola dijo en la rueda de prensa que él
"ya lo avisó" dando a entender que se estaban dando las condiciones para un traspiés de este calibre. Hay que tenerlo en cuenta. Aquellos que llevan mucho tiempo agazapados esperando una derrota para derribar todo el impecable edificio de
Guardiola aprovecharán esta circunstancia para hablar del principio del fín. De crisis, de decadencia y no sé cuantas burradas más. Desde el otro lado se nos dirá que sólo es un accidente, que el domingo volverán a ganar o lo harán en la siguiente jornada de Champions en Rusia y aquí no ha pasado nada. De entrada si parece que algo pase. Este
Barça, descomunal, no es el del año pasado. Ha marcado tres goles en las últimas dos jornadas. No es una máquina perfecta de juego y lo que es peor para ellos, los rivales preparan a conciencia estos partidos, táctica, física y emocionalmente. Es el peaje de haberlo ganado todo en una temporada para la historia. El
Barça se convirtió el año pasado en una referencia mundial y como tal es el enemigo a batir por todos. Y se le está haciendo muy duro defender su triple corona. A este Barcelona le falta profundidad en su banquillo. Tiene excelentes jugadores pero no parecen suficientes en número como para afrontar una temporada con cinco competiciones, de las cuales ya han ganado dos. Hay alguno de sus futbolistas clave que no están bien, y esa es una rémora que el resto de compañeros no puede superar. No es el mejor momento de
Messi, ni de Iniesta, ni de Xavi, tampoco Alves. E
Ibrahimovic es un gran jugador que cumple, sin más. No parece tener un papel más relevante, en cuanto a juego, que el que
Etoo tenía el año pasado. Tras los grandes, el escalón que ocupan los
Pedro, Bojan, etc. es muy inferior, por mucho que
Guardiola cuide sus presencias y su formación. Todos los adversarios se esfuerzan en cortar los circuitos del juego blaugrana tapando a Xavi o a Iniesta, y es entonces cuando más relevante se hace el papel de
Messi que, de momento, no aparece. El
Barça, pues, se enfrenta al peor de sus partidos. Con una plantilla justa, con los mejores en baja forma, con rivales extramotivados,
está obligado a reinventarse. Es el canón que ha de pagar por haber sido tan grande en una temporada maravillosa. Se le exige superar una temporada imposible, donde hay una posibilidad sobre mil de igualar el triplete. No es humano mantener el ritmo del año pasado y se da por hecho que han de conseguirlo. El
éxito de este Barça ha sido tan espectacular e histórico que amenaza con ser su gran enemigo. Resulta díficil cuando se le recuerda cada día, pero el Barcelona de Guardiola debería olvidar el imponente año 2009 y empezar de cero. Tiene que buscar nuevas fórmulas que reactiven su motivación y su fútbol. Mimbres tiene para conseguirlo, grandes futbolistas y un entrenador excepcional. Pero les corresponde una profunda reflexión. De lo contrario están llamados al fracaso.
JUAN CARLOS RIVERO