
Los últimos acontecimientos relacionados con diferentes entrenadores en la liga española ponen en un lugar muy complicado a todo el sector. A
Pellegrini se le responsabiliza del mal juego del Madrid, primero, y de las últimas derrotas, después.
A
Abel, que tiene los minutos contados en el banquillo del
Atlético de Madrid, le buscan sustituto a plena luz del día en un ejercicio maquiávelico de desgaste y humillación; y a
Míchel, entrenador del Getafe, un presidente formado en la
Kelvinator, con todos mis respetos, se permite el lujo de afearle las alineaciones en público y de atacarle personalmente en privado pero a sus espaldas.
La tendencia ya se percibe desde hace tiempo pero posiblemente estemos llegando al momento máximo, nunca los entrenadores de fútbol se han visto tan desamparados. Son el pim pam pum del deporte nacional. Todo lo que sea malo les corresponde. Si su equipo no marca goles o los encaja con frecuencia, si anotan o no a balón parado, tal cual defienden y cuantas cosas se os ocurran.
Claro que tienen su cuota de responsabilidad, como todos los que forman parte de un grupo. Todos. Pero yo me pregunto cómo es posible que los responsables de la eleccion de un entrenador tengan tanta facilidad para no asumir su decisión. Descargando toda la responsabilidad en el elegido. ¿Quién ha traido a
Pellegrini? Por ejemplo.
Los entrenadores necesitan tiempo y un respaldo masivo y notorio del club para que luego se les pueda exigir por su trabajo. De lo contrario estamos en una hipocresía admitida que sólo beneficia a los mismos. Valga como ejemplo la siguiente anédota protagonizada por
Victor Fernández en una de sus etapas como entrenador del
Real Zaragoza. Situamos la escena en plena charla técnica antes de un partido Zaragoza-Tenerife de liga. Victor está escribiendo la alineación en la pizarra. Cuando llega al número tres, apunta y dice, el lateral izquierdo,
Brehme; de repente en medio del silencio se oye una voz poderosa que dice: "YO AHÍ NO JUEGO".
A Víctor le asaltan mil preguntas y analiza en décimas de segundo mil reacciones. Le parece intuir de quien parte la voz a sus espaldas pero quiere estar seguro. Se vuelve y pregunta: "quién ha hablado?. Al fondo la figura del alemán campeón del mundo emerge levantando la mano: "he sido yo". Al entrenador ya no le caben dudas y decide rápido y sin dudas, mostrando toda la seguridad posible. Se dirige a otro jugador de la plantilla,
Lizarralde, y le pregunta si está en condiciones de jugar.
Lizarralde le dice que sí. Victor se vuelve hacia la pizarra, tacha el nombre del alemán y escribe el de su sustituto. La charla sigue y el partido se juega con resultado final de empate a dos. Al día siguiente
Brehme le dice al presidente -entonces mandaban los Solans- que se quiere ir. Aún con dudas el club respalda el entrenador y el jugador rescinde su contrato. Como sabéis esto no siempre es así. En muchas ocasiones los clubes recriminan a sus entrenadores por no hacer lo que quieren y luego les destituyen aún cuando cedan ante sus recomendaciones. No es justo. Desde aquí reivindico el trabajo de los entrenadores, el respeto que merecen y el apoyo a su labor. Todo lo contrario es jugar a caballo ganador. Lo que siempre es más fácil y, por supuesto, mas rentable.
JUAN CARLOS RIVERO.