Recuerdo el rostro de alegría y esperanza del anterior representante de Cesc Fábregas. Era Joseba Díaz, de Vitoria. Tarde calurosa en Madrid. Entonces se desarrollaba la campaña electoral a la presidencia del Real Madrid. Había hablado con Joseba aquel mismo día y quedamos para tomarnos un café en las inmediaciones del Bernabéu. Esa misma tarde tenía dos reuniones con representantes de dos de las candidaturas. Por un lado con Carlos Sainz, que iba con Villar MIr; y después con Pedja Mijatovic, que era el director deportivo de la candidatura de Ramón Calderón.
Aquel Madrid, o algunos de los que aspiraban a su presidencia, querían a Cesc. Joseba Díaz se limitó a escuchar. Era consciente de que tarde o temprano el jugador regresaría a España y no le quería cerrar ninguna puerta. De aquellos contactos no se llegó a nada. Aunque un año después, ya con Ramón Calderón como presidente, el Madrid si estaba dispuesto a formalizar una oferta. El representante de Cesc pensaba que los 36 millones de euros que entonces el Madrid estaba dispuesto a pagar podrían certificar la operación. Pero Cesc no lo tenía claro. O lo tenía clarísimo. No consideraba que fuera el momento de salir del Arsenal, ni tampoco de venir al Madrid. Luego se ha hablado mucho de su entorno de su familia, de su naturaleza catalana, de sus colores blaugranas. En todo caso, Cesc tiene derecho a jugar allí donde quiera y pueda. Lo que parece claro es que su tiempo en el Arsenal, donde es de largo el jugador más importante, se ha acabado. Lo sabe él aunque no lo declare abiertamente, por respeto a su club y al entrenador que tanto le ha protegido, Arsene Wenger.
Hace poco el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, preguntaba a una persona muy cercana a Cesc por el dinero necesario para ficharle. Le contestaron que 45 millones y le pareció muy claro. El Madrid ha dudado demasiado. Y en varias ocasiones. El Barça no duda, y el jugador tampoco. Aún cuando es verdad que en algún momento se habló de la posibilidad de que se marchara a Italia, cuyo idioma estaba estudiando desde hacía algún tiempo; su futuro está en Barcelona y en el Barça. Le ayuda las inminentes elecciones a la presidencia del club blaugrana. Más de un candidato querrá convertirle en su as ganador. Cesc coincidirá con Xavi e Iniesta, compañeros en la selección nacional. Y podrá jugar como mediocentro, el puesto que de verdad le gusta. Es cuestión de tiempo. No habrá nada firmado, pero unos cuantos años después volveremos a ver a Cesc Fábregas con la camiseta blaugrana. Abandonó la masía un chavalín de 16 años, vuelve un jugador hecho y de talla mundial. JUAN CARLOS RIVERO