La portada del diario Marca sólo 48 horas después de la derrota de Lyon confirmando contactos con Mourinho como relevo del entrenador no hace sino denotar el clima de nerviosismo que se cierne en torno al Madrid. Ha bastado una derrota, es verdad que en la competición bandera del club, para que otra vez todas las alarmas se enciendan, las críticas se disparen, y el entrenador quede expuesto en la plaza pública con todas las papeletas para ser linchado. No es de recibo.
Es cierto que desde el club blanco resulta muy díficil parar esta corriente, por eso no debería dar un sólo movimiento para alimentarla. Ciertas declaraciones, algunas filtraciones, comentarios off the record sólo contribuyen a generar un estado de ansiedad donde cualquier acontecimiento negativo se convierte en un drama.
Perder en Lyon y hacerlo con tan mala imágen no es bueno. Pero no es definitivo. Un proyecto no se materializa de una semana en otra. Pensar que un jugador de fútbol por el simple hecho de ser caro, carísimo, va a funcionar a la primera; o creer que sólo por juntar buenos jugadores la fórmula va a resultar mágica es desconocer las normas más elementales de un juego que se practica con los piés.
No es cuestión de nombres, tanto da Mourinho, Ancelotti, Wenger o cualquier otro buen entrenador, que hay muchos sin necesidad de acudir al mercado galáctico de entrenadores. Los hay mucho más cerca, seguro que igual de buenos, y convencido estoy que mucho más productivos. Me pregunto si todos los ingenieros de caminos que trabajan en España tienen un apellido extranjero. Es una pregunta sin más. No le den muchas vueltas. El Madrid necesita estabilidad. Y respuestas firmes. Necesita dar imagen de grandeza, en las buenas y en las malas. Todo pasa por un modelo que entienda todo aquello que pasa en un rectángulo de juego. Al margen del marketing y las estrategias. Pellegrini se equivocó en Lyon, como erró en la eliminatoria ante el Alcorcón. Pero la solución está en formar equipo, en responder como un club solidario y colectivo. Otra cosa sólo sirve para alimentar intereses ajenos y mantener al Madrid al borde del colapso permanente. No es buen camino. Ya falló una vez y estrepitosamente. JUAN CARLOS RIVERO.