Joan Laporta, el presidente del Barcelona, estuvo el domingo en Estudio Estadio. Llegó con el tiempo justo, venía de un homenaje a un famoso jugador de balonmano del Barça y se le ve radiante. La verdad es que da la sensación de ser de ese tipo de personas capaces de ponerle buena cara a un ciclón. No sé si es parte de su carácter o los siete años al frente del Barça le han forjado así. Más bien, creo que es lo primero.
Aún cuando piense que la eliminatoria ante el Inter está difícil, no se le ocurre bajar la guardia para decir todo lo contrario y nos dijo que será "la mejor remontada de la historia". Está muy contento con el movimiento de los jugadores, con la respuesta de la afición, y con el ambientazo que quieren crear para el miércoles, aunque yo pienso que eso es entrar en el juego de Mourinho y así se lo plantee.
Laporta viaja y se mueve con un escolta personal. Las amenazas de los boixos y su condición de presidente blaugrana le hacen buscarse protección. Ya os he dicho que llegó a las nueve, intervino unos minutos en el telediario, y tuvo que esperar hasta las once y cuarto para entrar con nosotros. Lo hizo con toda naturalidad, en ningún momento preguntó por la espera, ni mostró desagrado alguno.
Estuvo viendo la segunda parte del Getafe-Sevilla, se hizo fotos con todo el mundo y no de cualquier forma. Me explico, cuando se hace una foto con alguien procura darle la mano, o echarle el brazo por encima. Joe, la verdad es que es muy cariñoso. Vamos que se junta mucho en las fotos, no me parece mala cosa. Aunque imagino que sus detractores, que los tiene, dirán que solo es una pose del político que viene. En este aspecto no quiso dar muchas pistas, aunque se reafirmó en que es "desacomplejadamente catalanista" y que se alegrára con los triunfos de la selección española en el Mundial por la presencia de los jugadores del Barça.
Cuando acabó la entrevista el programa seguía y cómo no hay publicidad apenas pudimos despedirnos aunque él si quiso hacerlo. Nos agradeció la invitación y dijo que le había gustado mucho que le metiéramos tanto ritmo a la entrevista. Que se habia sentido muy bien a pesar de las preguntas, de hecho tenía tantas ganas de decirnos cosas que el realizador nos recordó que estábamos en el aire y que se estaba escuchando todo.
Os revelo un secreto, al final del programa le dijimos al realizador que no importaba que se escuchara a Laporta mientras se despedía. A veces no hay que ser tan ortodoxo en televisión, aunque este es otro tema.
JUAN CARLOS RIVERO.