José Mourinho conquistó el sábado pasado la Champions con una fórmula que no es ninguna novedad. Su equipo, el Inter de Milán, marcó dos goles cuando apenas tuvo un 33% de posesión de balón. Nada nuevo bajo el sol. La idea de equipos construidos desde atrás, empeñados hasta la obsesión en no cometer ni un sólo error y en mantenerse alertas para aprovechar la primera equivocación del rival, es tan antigua como inmortal. El gol que nació en un lanzamiento largo de Julio César, control de Milito, pared con Sneijder y gol del Argentino, lo hemos visto muchas veces. Por ejemplo, a Toquero en el Athletic le hemos visto marcar varios goles así despùés de un saque largo de Aranzubía (PERDÓN, GORKA IRAIZOZ, MUY BIEN, OS FELICITO, VEO QUE ESTÁIS ATENTOS, PERO QUEDAROS CON LA IDEA Y NO CON UN DETALLE). En el campo me llamó la atención en esa jugada ver como Cambiasso desde el medio campo animaba a Julio César a que hiciera un desplazamiento hacia el otro área. Se lo decía con el brazo levantado haciendo evidentes gestos de que golpeara con fuerza a la pelota. Se lo estaba diciendo uno de los integrantes del medio del campo¡¡¡ ¡¡¡le estaba pidiendo que el balón sobrevolara su zona¡¡¡ de tal forma que él no pudiera jugarlo.
A mi esta manera de jugar al fútbol no me gusta. Entiendo que se puede ganar mucho así, sobre todo si se tienen los jugadores adecuados. Pero a mí no me entusiasma por muy rentable que sea. Comprendo que cuatro años de mandato sin una Liga, una Copa o una Champions hayan conducido a Florentino Pérez a buscar éste perfil de entrenador. Perfil según el cual hay entrenadores que siempre ganan y otros que no, con lo que tampoco estoy de acuerdo. Aún cuando claro que he de reconocer los méritos del triplete de Mourinho al frente del Inter este año, y por supuesto la Champions conseguida 45 años después del último título de esta competición ganado por el equipo italiano.
Si creo que Mourinho es un buen entrenador, y por encima de todo le destaco una virtud: la capacidad que tiene para que sus jugadores le sigan al pié de la letra. El sábado pasado salvo Milito y tal vez Sneijder el resto son soldados de infantería. Cada uno hace lo que tiene que hacer y nadie se sale del guión marcado por el portugués, incluido Etoo, obligado a hacer un papelón. Teniendo en cuenta sus tremendas obligaciones como lateral, me pregunto para que gastó el Inter tanto dinero en contratarle, le bastaba con otro jugador mucho más discreto y barato.
Viendo el partido del sábado me imaginaba a Casillas lanzando un balón largo para el control del delantero y pelota para Cristiano. Todo muy directo y sin desarmarse atrás donde al menos seis jugadores jamás pierden su posición. Habrá madridistas muy contentos porque pensarán que con el portugués, al que admiro por sus éxitos no tengáis la más minima duda, volverán los títulos que hasta fecha no muy lejana lograba el Real Madrid. Pero también me parece que la contratación de José Mourinho es una especie de viaje hacia ninguna parte donde la única demora reconocible es que el fin justifica los medios. Se trata de ganar, a salvo de excelencias, estilos y tradiciones. Este Madrid tan gigante pierde humanidad a chorros. Deseo de corazón que Mourinho tenga éxito, no tengo nada contra él y por mí puede ganar tanto como los demás. Pero también creo que el Madrid traiciona demasiadas cosas en pos de un objetivo que no llega y que empieza a convertirse en una obsesión. "La Champions es un sueño no una obsesión" repitió el ex entrenador del Inter en la víspera de la gran final. Pues él es el producto más evidente de una obsesión: la necesidad que este Madrid tiene por recuperar el tiempo perdido al precio que sea. Y desde la distancia y con frialdad el precio que se adivina es demasiado alto. Y no me refiero a cuestiones económicas. El precio es muy alto porque la contratación de un gran entrenador del perfil de Mou es incompatible con el ADN de un club que es como un ser vivo: tiene razón, emoción y memoria. Y en ninguno de los tres factores veo el reflejo del portugués. JUAN CARLOS RIVERO.