Cristiano Ronaldo ha dejado el Mundial con un solitario gol en su mochila, marcado el día que su selección le hizo 7 a Corea del Norte, lo que ponía fin a una triste racha de 16 meses sin marcar un gol con Portugal en partido oficial. Para redondear la faena, el mundo entero pudo ver a través de la TV como abandonaba el estadio Green Point mirando de forma retadora a la cámara y escupiendo, minutos después de caer eliminado ante España. No se puede perder peor ni con menos dignidad.
Vale que Cristiano es un tipo ambicioso, ese afan de superación le ha permitido llegar allí donde ha querido. Tiene un gen competitivo a prueba de bombas y eso habla en su favor. Se vio en el tramo final de la temporada de liga cuando demostró en cada partido que él no se rendía a pesar de la victoria del Barça en el Bernabéu y de la imparable racha blaugrana. Sin embargo, hace tiempo que el portugués necesita mirárselo un poco, o que alguien le ayude si es capaz de escuchar. Su manera de actuar le crea más enemigos que amigos, a fuerza de querer ser grosero va camino de no parecer otra cosa. Y eso no se debería admitir para un jugador de su talento.
Incluso en su manera de entender el fútbol hay algo que debería cambiar. Intentar hacer la jugada a cuarenta metros de la portería es casi un milagro, tiene estupendas condiciones por eso debería aplicarlas de un modo más inteligente. Es de esperar, por el bien de su actual equipo, que Mourinho sea capaz de encauzarle por el buen camino.
Para colmo su respuesta tras la derrota ante España "pregúntele a Queiroz", le deja en muy mal lugar por desleal y mal compañero. En el fútbol Cristiano ya debería saber que ganan y pierden todos salvo que a él sólo le interese su actuación, que no creo. CR9 ha pasado con mas pena que gloria por el Mundial, ha sido la sombra del jugador que es. Con lo que ha hecho no se discute que le pelee el primer puesto del mundo del fútbol a Leo Messi, se puede hasta poner en duda que sea rival para el argentino. CR9 es historia, es de esperar que el CR7 que vuelva al Madrid sea otra cosa. JUAN CARLOS RIVERO.