
Aunque permanecerá para siempre en nuestra memoria el subidón del Mundial va pasando poco a poco hacia la reflexión. Ha sido un campeonato muy intenso, hemos sufrido mucho en cada partido y la traca final con el gol en el minuto 116 ha disparado para bien todos nuestros corazones.
Ahora con nuestros mundialistas iniciando unas merecidas vacaciones los periódicos comienzan a llenarse de otro tipo de información. Vuelven a la primera plana los clubes. Del Madrid nos cuentan que Mourinho ya ha empezado a trabajar, que lo hace de nueve a nueve o de sol a sol que es más español. El portugués piensa instalar camas en Valdebebas para que duerman los jugadores, ya anunció hace un mes que algunas salas de la ciudad deportiva blanca cambiarían su función. Mourinho es un entrenador de prestigio, no lo dudo, pero el Madrid está por encima de él, lo que por lo que se ve no todo el mundo tiene muy claro ahí dentro.
Los madridistas vuelven a la realidad tras el exitazo en el Mundial. Y comienzan a echar cuentas. Resulta que tras la fiesta queda que los candidatos a balón de oro del campeonato fueron Xavi, Iniesta y Villa. Tres del Barça. El aficionado blanco despierta del sueño para darse cuenta que la columna vertebral de la selección es blaugrana, y que salvo cuando juegan con España no podrá alegrarse de los triunfos de esta gente. Al aficionado madridista le queda que su mejor aportación a la Copa del Mundo fue el portero, Iker Casillas, decisivo por supuesto. Más la gran actuación de Ramos –ojo a la renovación pendiente que tiene el lateral- y de Xabi Alonso. A pesar de su gran trabajo, lo de Iker fue decisivo para ganar el Mundial, parece claro que la aportación blaugrana, aunque sólo sea en número, es superior.
Y el aficionado madridista abre el periódico para leer que tras el fichaje de Di María y Pedro León, más la confirmación de Canales, el gran refuerzo es Khedira, mediocentro de Alemania. Que hizo un Mundial a años luz del de Di María pero cómo el argentino tampoco es un crack. Parece ajustarse más a ese perfil de futbolistas, incondicionales a la causa, con los que a Mourinho –excelente entrenador, no tengo duda- le gusta trabajar.
El aficionado madridista repasa el Mundial y comprueba que Cristiano ha sido un fiasco; Kaká salió de Sudáfrica declarándose en banca rota, apesadumbrado por no alcanzar el nivel que desea. Y a Benzemá ni se le vio, aunque teniendo en cuenta el papelón de Francia en el torneo casi puede decirse que el francés del Madrid tuvo mucha suerte. Quién se lo iba a decir.
Así pues, donde unos ponen a Xavi, Iniesta y Villa mas Messi, el Madrid contraataca con Di María, Khedira, Canales y Pedro León, la confianza en Cristiano Ronaldo que ya fue el mejor la temporada pasada, y la esperanza en los renqueantes Benzemá y Kaká.
Pasada la euforia del Mundial el aficionado blanco regresa a la realidad pensando que, en el fondo les guste más o menos, la última oportunidad es Mourinho, aunque se pregunten que es lo que hizo o dejó de hacer Vicente Del Bosque para dejar de ser el técnico blanco. Se preguntan cómo es posible que un madridista reconocido se haya proclamado campeón del mundo, y no esté en el Madrid con el que ganó dos copas de Europa. Es una pregunta de muchos que no tiene respuesta. El entrenador portugués es el clavo ardiendo al que se agarra la esperanza blanca, que tras comprobar que la aportación blaugrana al Mundial es mayoritaria, se echa a temblar pensando que la temporada que viene no tiene por qué ser mejor que ésta. Y ya serían dos seguidas en blanco. Por cierto, a una del récord.