Los dos diarios de mayor tirada nacional publicaban ayer en sus suplementos dominicales reportajes o entrevistas sobre cuatro entrenadores de fútbol, a una semana del comienzo de la liga. El País semanal, una entrevista con Mourinho del escritor Juan Cruz, y un artículo reportaje de David Trueba sobre su amigo Pep Guardiola. Mientras el Magacine de El Mundo dedicaba su portada y su reportaje central a Míchel y Quique Sánchez Flores.
Si a todos ellos unimos la cantidad de artículos, entrevistas y reportajes publicados sobre la figura del seleccionador nacional, Vicente del Bosque, convendremos que en la actualidad el entrenador de fútbol ejerce un poder de fascinación no conocido hasta ahora.
De entrada, ya no están en edad de jugar al fútbol, con lo cual han ganado en madurez, en conocimiento y en preparación ante los micrófonos. Son los nuevos encargados de recursos humanos de los clubes de fútbol, con todo lo que ello implica, y el morbo que suscita saber que tienen en sus manos el destino de esos chavales que tanta pasión despiertan.
Cada uno tiene su estilo, aún cuando entre ellos guarden semejanzas. Míchel y Guardiola hablan a menudo, intercambian mensajes y muchas confidencias, que jamás salen al exterior. Con ellos, creo honestamente, que la figura en general del entrenador español ha ganado. Con ellos y muchos otros que no están en la élite e incluso que estando actualmente no tiene trabajo.
El fútbol español ha crecido con todos ellos. Por eso Del Bosque comentó en Sudáfrica que el éxito del Mundial era el éxito de todos esos entrenadores que en sus distintos niveles y la mayoría de un modo anónmo y altruista trabajan día a día. De los de fuera se puede aprender mucho, pero aquí se está entrenando cada vez mejor. Aunque alguno no acabe de verlo ni aunque pase por delante de sus narices. Qué se le va a hacer. JUAN CARLOS RIVERO