Cuando Cristiano Ronaldo llegó al Real Madrid hubo un sector de "ejecutivos" del club que advirtieron de puertas adentro que tal vez el precio del jugador habia sido excesivo. Esto es, que es muy bueno, de los mejores, pero no tanto como para pagar los 94 millones que costó su fichaje. "El bueno es Kaká", decían entonces. El fútbol ha ido poniendo a cada uno en su sitio. Cristiano es muy bueno, dificil precisar el precio, y Kaká ha tenido muy mala suerte en su primera temporada, lesiones inclúidas.
Una temporada después Cristiano ha tenido que pedir ayuda al público. No al ajeno, sino al suyo propio después de los silbidos que se escucharon en el partido de liga frente a Osasuna. Cristiano en el ojo del huracán, situación que, dicho sea de paso, no parece desagradarle.
Ahora, con el equipo cerrando su mejor partido de la temporada, Cristiano ha visto que las portadas se las llevan otros y que el sigue en el centro del debate. Pero no por lo bueno que es, sino por la ansiedad que delatan todas sus acciones, lo que le lleva a una precipitación impropia de su calidad. Y se está hablando mucho de él. Mientras llegan sus goles, que llegarán, Cristiano es presa fácil de su propia ambición, ilimitada. Lo que lleva a ganarse la enemiga del público contrario, que no le perdona sus bicicletas en el centro del campo, su carácter arrogante, ni su sueldo multimillonario, sus abdominales de postal y sus aires de triunfador constante trufado con un aroma de perdonavidas que no le ayuda nada.
Estoy convencido que la imagen que Cristiano traslada al exterior no tiene nada que ver con sus condiciones como persona. Ganaría siendo más normal, le ayudaría a conectar no con el público ajeno, que podría darle igual aún cuando no le conviene a sus numerosos contratos publicitarios, sino con el propio. Lo que a todas luces es mucho más preocupante para el. Cristiano Ronaldo debe entender que su triunfo comienza por el éxito del colectivo. La temporada pasada cuando más se descosía el juego del Madrid más feliz parecía él, que asumía toda la responsabilidad y daba rienda suelta a sus galopadas y remates. Pero con un equipo más organizado, a las órdenes del mariscal Mourinho, su juego individualista se hace más evidente e incómodo.
Cristiano triunfará en el Madrid. Ayer escuchaba algunas voces que se arriesgaban a decir lo contrario. Me parece una exageración. Pero el portugués debe entender, y le deben ayudar a hacerlo, que por muy grande que sea, y lo será, está en una institución a la que jamás alcanzará, como mucho le llegará para ser parte de su historia, De su historia buena, se entiende. JUAN CARLOS RIVERO