Todo parece indicar que Rubén de la Red, campeón de Europa con la selección española en 2008, no volverá a jugar al fútbol. Dos años después del episodio de síncope agudo que sufrió con el Real Madrid en un partido de Copa en Irún su retirada dejaría atrás innumerables pruebas, vanas esperanzas, una ilusión rota y mucha resignación a la mala suerte. Aquí en Terra “el Soplón” informaba hace unos días de la rescisión del contrato del jugador por parte del Real Madrid, el futbolista aún lo tenía en vigor hasta 2011, le quedaba un año de contrato. Al tiempo nos desvelaba también que fue el propio Mourinho el que el primer día de estancia en Valdebebas, la ciudad deportiva del conjunto blanco, le comunicaba al futbolista que estaba dispuesto a contar con él, tanto si mantenía su carrera de jugador cómo si no podía hacerlo. En este caso había pensado en él para incorporarle al cuadro técnico, quién sabe si en el puesto que fue para Karanka, puesto al que también optaron otros. El detalle habla de la inteligencia y la sensibilidad del entrenador portugués, dicho sea de paso.

Expuesta la situación, todo esto nos lleva a analizar el comportamiento del Real Madrid para con su jugador. Asunto que cobra relieve ante el inminente anuncio de Rubén sobre el dictamen de incapacidad laboral que habría emitido la seguridad social, y tras ver lo que el Salamanca ha anunciado para con su jugador, Miguel García, que el fin de semana pasado sufrió un infarto de miocardio en el partido ante el Betis. El cuadro salmantino ha anunciado que respetará el contrato del futbolista.
Con el texto de incapacidad en la mano no es ilegal, ni mucho menos, que el Real Madrid desvincule a De la Red y no haga frente a su último año, esto es, abonarle los dos millones de euros que firmó en su contrato. Lo que debemos preguntarnos entonces es si es justo que el Madrid no afronte el pago teniendo en cuenta los factores que rodearon la “lesión” del futbolista, roto en acto de servicio. De la Red se habría reunido con el máximo responsable blanco hasta en presencia de los capitanes del equipo. Reunión que no debió ablandar el corazón del presidente. Dicho sea con la dualidad de opiniones que merece el caso. Por un lado la exigencia de responsabilidad a este y a cualquier presidente del Madrid sobre los recursos del club, y por otro la necesidad humana de ser generoso con De la Red. Podría haberse buscado una solución intermedia. Respetar sus emolumentos vinculando al jugador, tal y como pretende Mourinho, a otras actividades. De tal manera que a la conclusión del contrato, sólo restaba un año, ambas partes tuvieran plena autonomía –sobre todo moral- para estudiar la nueva situación del futbolista en la entidad.
No es esto lo que se ha hecho. Se ha tirado por la opción de ahorrarse el dinero del contrato, a costa de dejar en entredicho la imagen del club, respetando y no me cansaré de decirlo que semejante decisión está amparada por ley. En un momento en el que todo son elogios, y nos congratulamos de la deriva deportiva de un club como el Madrid, referencia obligada para otros, es de justicia recoger un episodio que marca una muesca negra en el impoluto año blanco, descontado el resbalón de Murcia. JUAN CARLOS RIVERO