Anda el madridismo muy alterado por el cinco cero del Camp Nou. La verdad es que ni los más pesimistas podían imaginarse un resultado así, y mucho menos la impresionante diferencia que hubo entre unos y otros, hasta el punto que parecían de divisiones diferentes.
Digo que anda el madridismo perdido en si Guardiola le hizo un feo a Cristiano, que si el gesto de Piqué, que si Puyol fingió agresión de Ramos, y esto y lo otro. En el fondo, tonterías. Tienen la importancia que merecen pero el árbol no puede evitar ver el bosque. Digo que tiene la importancia que merece porque en fútbol hay que saber ganar y saber perder, no me pareció que el Barça se regodeara más allá de su insultante superioridad, puede que sobraran algunas cosas, pero un 5-0 ante el todopoderoso Madrid merece celebrarse. Sería exactamente igual al revés, y nadie repararía o debería hacerlo en los gestos de alegría de los jugadores del Madrid.
En los últimos días Pandiani en Pamplona, Albelda en Valencia, Juande Ramos en Madrid, Gurpegui en Bilbao han aprovechado el momento para echar más fuego sobre la hoguera blanca. Podemos discutir su ventajismo, eso mismo podrían haberlo dicho cuando el Madrid era líder e invicto, pero en el fondo de sus argumentos puede haber razón o no, están en su derecho a mostrar su opinión.
Lo que debería pensar el madridismo es por qué a la estela de una derrota aparece tanto anti y tanto ataque. Se puede resolver con el cómodo argumento de la envidia y todo eso. Envidia, puede, el Madrid es rico y poderoso, y eso no siempre es popular. Pero también podrían dar un paso más y pensar que quien siembra vientos recoge tempestades. Que si Villa no marca goles, que si el Sporting se dejó ganar, que en la Premier le habrían sancionado, que algunos grupos de Champions parecen de Europa League, que si el Barça juega contra diez. Pues todos estos salivazos hacia arriba es lo que tienen, que la fuerza de la gravedad les hace caer en… No sé si me explico. JUAN CARLOS RIVERO.