Comentaba hace unas semanas Xavi Hernández, centrocampista del Fútbol Club Barcelona, que había gente que no soportaba los éxitos de su equipo. Delataba así una inquietud general en el Barça que además siente que fuera de Cataluña no es lo suficientemente reconocido. No es la primera vez que Xavi se erige en portavoz de las dudas blaugranas, esta vez con acierto. Hace poco también sugería que los árbitros parecían apuntar en cierta dirección, en la línea de que esos tremendos éxitos no se repitieran. Aquí no tiene razón alguna. Dicho esto ojala Xavi gane el balón de oro que tanto se merece. Pero éste es otro asunto del que saldremos de dudas en breve.
Se quejaba Xavi de estas cosas de los árbitros, y no digamos en la acera de enfrente que conforma la bipolar liga española. Mourinho, el entrenador del Real Madrid, no desaprovecha ocasión para censurar comportamientos arbitrales que considera perjudiciales para su equipo. La última fue quejarse de la actuación de Undiano en Getafe. Le disgustó a don Mou que el árbitro mostrara tarjetas en las manos blancas y no en las azules. Tema menor si lo comparamos con el miserable penalti que el buen árbitro navarro señaló a favor de los madridistas y que les abrió el camino de la victoria. De hecho, el lanzamiento de penalti de Cristiano Ronaldo fue el primer tiro a puerta del Madrid en el partido. Se preguntan en el bando del Getafe y con razón si el mínimo agarrón a Di María también habría sido castigado con penalti en el área contraria. Y lo mismo se preguntan en Valencia los seguidores del Levante, si el indudable penalti de Abidal se habría señalado en la otra área. En ambos casos los grandes fueron favorecidos. En un caso para que el Madrid marcara el primer gol, en el otro para que el Barça no recibiera el primero cuando el marcador era de empate a cero. Luego, ¿tienen derecho a quejarse los dos súper? Parece claro que no. Y hacerlo denota un desahogo inadmisible. O lo que es lo mismo, no se puede tener tanto morro. Preguntado por el árbitro al término del citado partido Getafe-Real Madrid, el entrenador local, Míchel, apuntó con ironía y sutileza que Undiano había hecho un arbitraje “preciso”. No se puede decir más con menos. El Getafe, Levante, Español, y un largo etcétera si que tienen derecho a quejarse.
Por eso ya es más que suficiente con que todos nosotros, hablo de los periodistas, nos pasemos el día entero hablando de las evidencias de esta liga bipolar, de lo guapos, ricos y famosos que son nuestros dos grandes. Parece suficiente también que los adversarios, jugadores y entrenadores, afronten los partidos ante Madrid y Barça, en la mayoría de los casos, con la evidencia de un aplastamiento seguro. Pero no parece suficiente y no debe ser admitido que los árbitros también se sumen a esta corriente, y extiendan una impoluta alfombra roja para que el camino de los poderosos sea aún más sencillo y celestial, no vayan a ensuciarse la camiseta con esos pobrecillos que se cruzan en su camino. Los árbitros, no; ellos deben aplicar la justicia tal cual, sin tener en cuenta el peso de los que se pasan el día preguntándole al espejito quién es el más guapo. Los árbitros deben salir de esa negativa corriente que todos adivinamos, de lo contrario no es que estemos ante una liga bipolar, sino ante una mierda de liga. Dicho con todos los respetos. JUAN CARLOS RIVERO.