Cuando los actuales rectores de la cantera del Real Madrid llegaron al club –con la presidencia de Florentino Pérez- realizaron un proceso total de renovación que incluía a la práctica totalidad de entrenadores de Valdebebas (Ciudad Deportiva del Real Madrid) y a otros empleados, como el entonces delegado del Castilla, Salvador Diez. La decisión fue legitima, nada que objetar, más dudoso es su resultado y, por supuesto, la necesidad. Lo que desde el club se vio como renovación, desde el otro lado se percibió como una caza de brujas por el tremendo delito de haber trabajado bajo la presidencia de Ramón Calderón, aún cuando no hubieran intercambiado palabra alguna con él durante sus dos años escasos de mandato.
El máximo ejemplo de esta política de tierra quemada fue lo que sucedió con el equipo técnico que entonces entrenaba al Castilla, con Julen Lopetegui a la cabeza. Tanto a Lopetegui como a sus colaboradores les quedaba un año de contrato. En una decisión sin precedentes en el Madrid, el director de la cantera, Ramón Martínez, decidió rescindir el contrato de todos ellos pagando el año de contrato que restaba, en una maniobra cara e innecesaria.
El ejemplo ilustra lo que desde entonces es la cantera del Madrid. Ninguneada por quien más debe respaldarla, esto es, el primer entrenador. Ni Pellegrini, ni Mourinho se van a jugar su prestigio y su futuro con chavales que necesitan tiempo, dedicación y mucho cariño para ayudarles al triunfo. Y tiempo es, justamente, lo que no tienen entrenadores fichados para ganar el siguiente partido, al precio que sea.
El paradigma de la errática política de cantera en el Madrid lo encontramos en la figura de Alejandro Menéndez, fichado por Ramón Martínez para dirigir al Castilla, que bajo su dirección no ha salido de una alarmante mediocridad, tanto en juego, como en resultados y no digamos en su objetivo número uno: nutrir de futbolistas al primer equipo. Con estos antecedentes cuan negro se habrá visto el futuro en Valdebebas para tirar de un hombre como Alberto Toril, hasta entonces entrenador del Juvenil A, la perla de la cantera que había completado una última temporada plagada de éxitos.
Con Toril convertido en nuevo entrenador del filial los buenos resultados han sido inmediatos. Ha tirado de los mejores, ha aparcado los extraños fichajes que poco o nada aportan y le ha dado al equipo el aire que se le supone al filial del Madrid. Abandonado el sectarismo del que han hecho gala los dirigentes de la cantera blanca, por pura necesidad, el Castilla vuela viento en popa a toda vela. Decisiones sencillas para problemas complejos. La solución estaba dentro. También en el Castilla. JUAN CARLOS RIVERO.