Cuando Figo, que estaba negociando su renovación con el Barça, recibió la oferta que le hizo Florentino Pérez, entonces candidato a la presidencia del Real Madrid, no se la creyó. Tampoco creyó que Florentino acabaría como presidente, por eso no le importó firmar en un famoso bufete de abogados de Barcelona el contrato que le ligaba al Madrid en el caso de que Florentino ganara las elecciones. Florentino se aseguró que el acuerdo sería respetado incluyendo cláusulas de penalización para ambas partes. Florentino pagaría 500 millones de las antiguas pesetas a Figo si al final no accedía a la presidencia, mientras que el jugador tendría que abonar 1000 a Florentino si no respetaba el contrato.
Tal vez Figo vio entonces la posibilidad de un negocio fácil y redondo cuando su intención era quedarse en Barcelona. Pero resulta que ganó Florentino las elecciones, aunque su rival y presidente, Lorenzo Sanz, presentaba el aval de haber ganado dos copas de Europa.
Figo llegó a regañadientes al Madrid, aunque acabó adaptándose perfectamente y terminó marchándose también por la puerta de atrás, en contra de su voluntad.
Casi diez años después el asunto Figo tiene detalles que le equiparan a lo que puede pasar con Cesc.
Transcurridas un par de temporadas en el Arsenal, los responsables de marketing del club inglés decidieron cambiar el nombre de las camisetas de Cesc, para rotular con su apellido, Fábregas. El jugador le comentó a su entonces representante, Joseba Díaz, que no le parecía bien pensando en aquellos seguidores del Arsenal que hubieran comprado la camiseta con el nombre de Cesc, ya que se les quedaba antigua. Puede que con el tiempo Cesc haya cambiado, como todos, pero el detalle da una idea de la sensibilidad del jugador para según que temas.
Dos cosas hay claras. El centrocampista no quiere seguir en el Arsenal, y tampoco en Inglaterra, no jugará en ningún club de la Premier después de haber sido el capitán del Arsenal y su intención es regresar al fútbol español, a nuestra liga. Su simpatía le lleva al Barça, a su equipo, su ciudad y donde se encontraría con sus compañeros de selección, que son sus mejores amigos. Lo que sucede es que tal vez compruebe que el Barcelona no puede hacer el esfuerzo que él necesita y entonces entraría la opción del Madrid, en la que ahora mismo dudo que esté pensando, salvo como alternativa. A lo mejor muy útil como herramienta para negociar con el Barcelona.
Es verdad que el Madrid le necesita. Que su contratación le resultaría mucho más cara que al Barça, no sólo por el traspaso sino por la ficha del jugador, y que Cesc es un profesional, gran profesional y estupendo futbolista por otra parte; pero verle con la camiseta del Madrid sería el resultado del fútbol entendido como negocio y no como sentimiento. El que Cesc demostró tener con el asunto del nombre en su camiseta. JUAN CARLOS RIVERO.