El regreso de Raúl al fútbol español ha sido todo un acontecimiento. Pancartas en Mestalla, aficionados que se han recorrido el país para saludarle y un masivo seguimiento en los medios de comunicación, que han situado su figura por encima del partido. Lo que en algunos casos ha llegado a romper el equilibrio natural que exigía la presencia del Valencia, y el consiguiente respeto al club de Mestalla.
Entre tanta “atención” no han faltado las voces críticas hacia Raúl, los de siempre por otra parte. Los que jamás han bajado la guardia a lo largo y ancho de la extensa carrera del Ferrari, como en su momento le bautizó su compañero de equipo y ahora director deportivo de la Federación, Fernando Hierro.
En realidad no le perdonan que Raúl sea feliz. Lo es en Alemania, donde es tratado como un ídolo, sus hijos acuden a un estupendo colegio, su familia se siente muy cómoda, el club alemán se deshace en atenciones y el jugador ha calado en pocos meses en el corazón de la afición del Schalke. Hasta el punto que su camiseta, con el 7, es la que más se vende y los ingresos por patrocinios del club han aumentado gracias a su presencia.
Esto es lo que no le perdonan sus enemigos, que siempre los tuvo, y más en un país donde no se soporta a los ganadores. Poner en cuestión el madridismo y el compromiso de Raúl no tiene perdón. Le critican que cobrara el año que le restaba de contrato –por cierto renovable año a año según el número de partidos jugados- pero obvian que en realidad el Madrid ya no le quería o no le necesitaba. Le ponen en duda a pesar de sus números, sus ligas, las tres Champions, sus partidos y sus temporadas en el Madrid, lo que le convierte en el mejor jugador blanco de los últimos treinta años. Olvidan que él no costó nada y pasan por alto el compromiso de otros por el que el Madrid ha hecho un esfuerzo inmenso, económicamente hablando, y que no le llegan a Raúl ni a la altura de sus zapatos.
La gran culpa de Raúl es su ilusión por seguir jugando al fútbol, por seguir marcando goles, lleva diez en la Bundesliga y tres en la Champions. Lo que le ha convertido en el máximo goleador de la historia de las competiciones europeas. Renegar de Raúl, siendo madridista, no es de bien nacidos. El, que abandonó el Madrid sin hacer ruido, sin un mal gesto, sin un solo reproche. Que no quiere conceder entrevistas para que cualquier cosa que diga sobre su equipo del alma no sea mal interpretada. No hay emisora de radio, periódico o televisión de difusión nacional que no le haya pedido una entrevista en Alemania. A todos ha dicho no. Y es curioso, le piden ahora una entrevista aquellos que le llevan matando desde hace años. Aquellos que tanto han torcido el gesto con sus goles, que le han acusado de no participar de la cultura del mamoneo que tanto gusta a algunos de mis compañeros. De esto os hablaré algún día. Hasta le llamaban “el palestino” al parecer por su carácter arisco y lejano, que no es tal. Desconozco si todos los palestinos son antipáticos, no lo creo. Me alegro, de verdad, de que futbolísticamente hablando Raúl no esté muerto. Larga vida a Raúl. JUAN CARLOS RIVERO.