Habrá que explicarse. Desde hace algún tiempo, sobre todo desde que el Arsenal le arrebatara a Cesc al Barça, con el consentimiento del jugador claro está, mucho se está hablando del gran ojo de Wenger para cazar jóvenes talentos. Podría ser pero hay que matizar varias cosas.
En España los equipos que trabajan sus canteras se ven obligados a firmar contratos con sus jugadores si no quieren que se los lleven antes de tiempo y sin, prácticamente, ver un duro. Hasta que un jugador tiene mayoría de edad sus contratos son firmados por sus padres o tutores, esa es la única fórmula para que su adquisición se encarezca para los amigos de lo ajeno, como es el caso de Wenger. De no ser así el jugador se marcha con el simple abono de los derechos de formación. Esto es lo que ha pasado en el caso reciente de Jon Toral al Arsenal. El jugador no tenía contrato así que ha bastado un cambio de residencia o de estudios para que el futbolista cambie de club. De tal forma que en realidad no se marcha a Londres a jugar al fútbol, sino a estudiar, gastos que asume el Arsenal al que toda la operación apenas le cuesta 600.000 euros.
Cuando Míchel llegó a la dirección de la cantera del Real Madrid, su equipo, con Ricardo Gallego e Isidoro Sanjosé, se puso manos a la obra para intentar organizar el desaguisado que se encontraron. De tal forma, que a lo largo de su estancia en Valdebebas llegaron a firmar casi 40 contratos con jugadores de la cantera, entre los que se encontraban los ahora conocidos Morata, Carvajal, Sarabia, Alex Fernández, Jesé, Juan Carlos, Sarabia, Luís Hernández, Nacho, etc. Les firmaron contratos para evitar lo que a ellos les sucedió con Mata, cuya salida destino Valencia fue imposible de frenar. Por razones que aún hoy no se han explicado Mata firmaba en el Real Madrid licencias anuales (la licencia es lo que permite jugar) cuando lo normal era hacerlo por 5 años. Y gracias también a aquella política de riesgo el Real Madrid ha podido vender después a los hermanos Callejón, a Pedro Mosquera (6 millones). Incluso se le hizo contrato a Adán, que hoy es portero del primer equipo madridista.
Hoy en día estamos escuchando que el Real Madrid está renovando los contratos de Jesé y Morata. Evidentemente nada se podría renovar sino hubiera algo previamente firmado. Detalle que por estas cosas de la política y los intereses se pasa por alto, no se lo escucharéis a nadie. En aquella época se establecieron tres tramos de contratación en función de la edad del chaval y del equipo al que pertenecía, a partir del cadete b. Si un niño en segundo año de cadete de cualquier cantera de España no tiene nada firmado, se va en cuanto quiera.
Sucede que esta política tiene un riesgo, obliga a invertir en un número considerable de chavales sin tener la certeza de cual será su desarrollo posterior. El listo de Wenger no tiene que invertir nada en barbecho, él va sobre seguro. Mira la cantera de un equipo y se lleva al jugador que le gusta por un módico precio. Basta un simple cambio de residencia y pagar los derechos de formación que en el fútbol profesional es calderilla. En la época de Míchel se firmaron muchos contratos con sus correspondientes cláusulas de rescisión, que pueden estar entre los siete u ocho millones de euros, siempre en función de los emolumentos del jugador. Hay equipos que ni tienen ganas ni dinero de firmar, más allá de la licencia, contratos a jugadores en edad cadete.
El Arsenal no tiene cantera, con lo cual su inversión se focaliza en pocos y muy elegidos. El Madrid puede tener un presupuesto para su cantera de 7 u 8 millones de euros. El Arsenal, cuyo fútbol base tiene coste cero y riesgo nulo, le ofrece a un chico de 16 años un millón de euros por tres temporadas y el padre del chaval no se lo piensa dos veces, ni una tampoco.
Luego decimos que Wenger les pone a jugar. En realidad el chico va para el segundo equipo del Arsenal, que es el único que existe además del primero, con lo que sus posibilidades de jugar aumentan siempre y cuando tenga 17 años. Mientras tanto sólo pueden entrenar de acuerdo a la legislación británica. Alguno ha llegado allí y por no tener la edad se ha tirado año y medio sólo entrenando. Eso sí, bajo la atenta mirada del mago francés, el Wenger.
Así que menos flores. Wenger busca en el mercado joven porque es mucho más asequible. Pero lo hace en una clara posición de ventaja. Sólo invierte en uno. Y encima decimos que acierta, el colmo es que se equivocara cuando siempre va a tiro hecho. En realidad aprovecha un agujero legal de difícil solución y la falta de previsión de los clubes españoles, bien porque carecen de presupuesto o de imaginación para retener a sus promesas. JUAN CARLOS RIVERO