Mourinho citó por primera vez a Pep Guardiola en la rueda de prensa anterior al primer partido de semifinales, y la respuesta del técnico blaugrana fue rotunda. Hasta el punto de dejar una imagen desconocida de él. El cruce de declaraciones entre ambos ha trasladado el enfrentamiento fuera del campo, hasta un límite inédito en nuestro fútbol.
Es muy difícil dar opiniones de la actitud de ambos técnicos sin herir las sensibilidades de los aficionados de los dos equipos. Para el forofo todo consiste en defender a uno u otro según los colores, y así resulta imposible entenderse.
Mourinho no respetó a su colega. Arrogándose un papel que nadie le ha dado volvió a catalogar a sus compañeros según su criterio particular, en función de que se quejen o no de los árbitros. No es la primera vez que lo hace, ya en su momento atacó a Preciado por no poner en Barcelona el equipo que a Mou le habría interesado, y fingió no conocer a Gregorio Manzano, cuando alguien le recordó la opinión en un artículo de prensa del hoy entrenador del Sevilla.
La respuesta de Guardiola ha chocado por no ser habitual. Puede que no ayude a su imagen, pero considero que era tan humana como necesaria. Guardiola tiene razón en muchas cosas, consigue aglutinar el barcelonismo en torno a él, puede que haya hecho también lo que sus jugadores le pedían, aunque creo que sólo se ha equivocado en bajar al barro que tanto le gusta a Mou. Terreno que Guardiola no debería pisar. Entre otras cosas, porque a diferencia de Mou, el conoce el fútbol también al otro lado del banquillo. Fue jugador, internacional y campeón de europa, es deportista, y de los buenos.
JUAN CARLOS RIVERO