Mediada la primera parte de la semifinal de ida de Champions en el Bernabéu, Cristiano Ronaldo se paró en la zona de volantes del Barça y arengó a sus compañeros para que dieran un paso al frente. Estamos acostumbrados a ver por libre al crack portugués en el juego de su equipo, pero lo que no sabíamos es que también va por libre en las charlas técnicas, en la preparación del partido.
Resulta evidente que los compañeros de Cristiano estaban haciendo en el campo justo lo que habían previsto para el partido y lo que les estaba pidiendo su entrenador. Discutible, chocante, impropio, lo que queramos pensar, pero ese era y no otro el camino elegido. Me pregunto dónde estaba Cristiano mientras Mourinho establecía las líneas maestras de su planteamiento.
Para rematar la faena Cristiano comentó ante la sagacidad de un reportero de TV3, que buscaba esa respuesta y no otra, que no se sentía muy cómodo en un sistema tan defensivo pero que no le quedaba otra que aguantarse y obedecer a su técnico. O sea, que si le damos una vuelta a la historia, lo que Cristiano estaba haciendo en el campo era contravenir la orden de su entrenador, que es también su gran valedor dentro del vestuario blanco. No es que CR7 necesite que nadie le apoye, pero sabido es que con Mourinho tiene carta blanca y una valoración por encima de todas las cosas.
Siguiendo esta pista a lo mejor es Cristiano el único que puede doblegar la férrea voluntad de su entrenador. Tan convencido de la inferioridad de su equipo ante el Barça que empieza perdiendo los partidos en la pizarra. Excepción de la corajuda final de Copa que se soltó el Madrid en Mestalla. Aprovechar ese compromiso y talento es la gran obra inacabada de Mourinho. Podría empezar por el martes que viene. Igual otra vía es posible aunque él no quiera reconocerlo.
JUAN CARLOS RIVERO