Los jugadores del Barça se mostraron especialmente discretos en los discursos que cerraron la gran fiesta de la cuarta champions el lunes en el Camp Nou. Sólo Piqué hizo referencia a la tensión vivida durante los clásicos cuando comentó “no nos dopamos, no compramos árbitros, sólo jugamos al fútbol”. Lo hizo con su rotundidad habitual y ante la mirada complaciente de Guardiola.
Sin embargo, no hubo alusiones al gran rival como en otras ocasiones, ni siquiera al famoso “por qué” que Mourinho ha convertido, sin quererlo, en un grito de guerra de la afición barcelonista. En Wembley si estuvieron un buen rato animando a su equipo al grito de “por qué, por qué, por qué”, la pregunta que se hacía Mourinho para que alguien le explicara por qué, según el, la UEFA apoya al Barcelona.
Me da que Guardiola también en esto aleccionó a sus jugadores con el fin de tener la fiesta en paz, nunca mejor dicho. El entrenador blaugrana ha sufrido especialmente la intensidad de los duelos con el Madrid, la liga, la final de copa, los dos partidos de champions, y lo ha hecho dentro y fuera del campo. Para la historia y las hemerotecas quedan aquellas palabras de Pep “aquí José es el puto amo”, donde incluso hizo referencia a sus años de convivencia en el vestuario del Camp Nou como elemento descongestionador, como un recurso para parar tanta agresión.
En Wembley caminaba junto a Pepe Reina tras el partido. Me equivoqué de puerta de salida y nos topamos con el autocar del Barça. Al ver a Reina algunos jugadores que estaban celebrando la victoria bajaron a saludar a su compañero de selección. En estas apareció Carlos Naval, el delegado del equipo, que traía la copa sujeta por una sola asa. Entró en el autobús y se la entregó a Guardiola, que se la puso en su regazo mientras la miraba con satisfacción y leía la leyenda que incorpora el nombre del Barça como campeón. Reina se fue de allí comentándome que sentía mucha envidia, de esa envidia sana me dijo que no sabe si es tan sana. Atrás se oían los golpes de los jugadores del Barça a las ventanas del autobús. 24 horas después le ofrecieron la Copa a su afición pero no quisieron más líos. Un campeón también debe serlo en las victorias.
JUAN CARLOS RIVERO