Dos meses después del último partido y cuatro clásicos de por medio, la selección española de fútbol vuelve a la competición para cerrar esta larga temporada.
Lo hace envuelta en dos frentes muy interesantes para el periodismo, el restablecimiento de la normalidad tras las heridas de los Barça-Madrid, y la obligación de acometer una renovación de alguno de los puestos clave del equipo.
En ambos casos la figura de Vicente del Bosque se somete a estudio. O a análisis según se prefiera. No hablamos de su capacidad, ni de su carácter, bien conocido y ponderado por todos. Sino de sus resultados, algo que él ya sabe. No le va a pillar de nuevas.
En el avión que desplazaba al equipo español hacia Providence (Rhode Island, Usa) para jugar el día 4 el primero de los dos partidos, Del Bosque comentó que si había alguna costra aún por la tensión de los clásicos, habría que actuar en consecuencia. Al seleccionador no le molesta, no es su papel, que los clásicos fueran algo más que intensos, sino las declaraciones posteriores en frío de algunos jugadores por considerarlas inapropiadas y fuera de contexto. Por cierto, algunas aún hoy continúan. Lo que da una idea del clima de tensión creado durante aquellos días y los desagradables lances sufridos entre compañeros de selección.
La mano de Del Bosque será crucial para que el compromiso demostrado en los dos últimos años con el equipo nacional no se resienta nada, nada.
Luego está la necesidad de ir dando entrada a nuevos jugadores. Del Bosque habría incorporado alguno de los futbolistas de la selección sub 21 –a la que considera la despensa de la absoluta- si no estuvieran a las puertas de un campeonato de Europa que además nos debe dar una plaza para los Juegos de Londres. Ahí está mirando. Porque está claro que Capdevila, Marchena, Puyol, etc. están firmando sus últimos partidos con el equipo nacional. Del Bosque tiene predilección por los jugadores que pasan por las categorías inferiores, por eso insiste en este punto ahora que ha llamado a Manu del Moral, que no procede de ese sitio, pero sí de un equipo, el Getafe, cuyo trabajo ha querido reconocer. Aquellos que de tan ciegos sólo ven resultados no podrán entender esto, pero hay muchas formas, y algunas más valientes que otras de afrontar el camino y el juego del fútbol. Esto era un inciso.
Así pues, el talante y el talento de Del Bosque serán vitales ante dos situaciones tan cruciales. En ambos casos no ofrece ninguna duda, lo que resulta un alivio.
JUAN CARLOS RIVERO.