Los agentes del Kun se reunieron hace unas semanas con representantes del Real Madrid en un hotel de Toledo. El presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, no cree que el Real Madrid esté detrás de esta historia, aunque sospecha de tanto silencio. El consejero delegado del club rojiblanco, Miguel Ángel Gil Marín, no lo cree, está convencido, pero las declaraciones según las cuales estaría dispuesto a negociar menos con el Real Madrid no le habrían sentado bien a Florentino Pérez. Aunque el presidente del conjunto blanco le ha dicho a sus colaboradores que no quiere guerras con el Atlético de Madrid, y que sólo ficharía al Kun con negociación de por medio. Si bien el nuevo entrenador atlético, Gregorio Manzano, ha dado su opinión al respecto.
A todo esto el Kun se compra una casa en una de las urbanizaciones más caras de Madrid y no sólo eso, gasta cerca de un millón de euros en su reforma. Esto podría indicar que tiene pensado quedarse en Madrid pero sus agentes se reúnen en Turín con la Juventus para un hipotético traspaso. Según la prensa italiana la Juve habría hecho una oferta de 35 millones de euros. Pero resulta que el Kun dijo que no era dinero sino motivaciones deportivas las que explicaban su deseo de salir del Atlético de Madrid. La Juve no está en Champions, ni en la Europa League, y parece, a día de hoy, estar lejos de sus mejores años.
Mientras, un intermediario italiano, Ernesto Bronzetti, de conocida amistad con Florentino Pérez afirma que el Madrid habría firmado al brasileño Neymar. Por un momento la noticia corre como la pólvora pero queda en nada. Al menos, de momento. Si viene Neymar, Kun no tiene sentido.
Y en el fondo de todo una duda razonable. ¿Es posible que el Kun anunciara su salida del Atlético con el que tiene contrato en vigor sin tener una oferta firme? No se lo cree nadie. Pero no parece de recibo que los agentes del Kun, esos lumbreras, anden ofreciendo a uno de los diez mejores jugadores del planeta –póngale en el puesto que quieran- de club en club como si fuera un paria. Es todo muy raro. Un sainete.
JUAN CARLOS RIVERO