Veo a algunos compañeros periodistas en afamadas tertulias extrañarse por el recelo atlético a que el Kun acabe en el Real Madrid. Se preguntan cómo es posible que los atléticos, también los periodistas atléticos, prefieran ingresar menos dinero por el traspaso del argentino siempre y cuando no vaya al eterno rival. Y no lo entienden, o eso dicen.
Parece mentira que ellos, tan orgullosos y transparentes de su sentimiento, al menos ahora, no sean capaces de reconocer que los sentimientos de los demás no se pueden analizar desde la razón. Todo el mundo tiene derecho a pensar con el corazón, y más si hablamos de fútbol. Para los atléticos el enemigo natural es el Real Madrid. Es así y no hacen falta razones que lo expliquen. Se trata de un sentimiento unilateral, porque en el madridismo no hay reciprocidad. El madridista lleva años mostrándose paternal con su gran rival, lo que aún duele más a los atléticos, que se sienten ninguneados y humillados.
La afición del Manzanares no quiere ver a su gran crack con la camiseta blanca. No habría mayor afrenta para el corazón colchonero. No se trata de justificar aquí que esta sea justo o no. Es irracional, como lo son las pasiones, también las del fútbol. Lo normal es que una vez Kun comunicara su deseo de marcharse, al aficionado del Atlético le diera igual donde fuera, consciente de la traición del jugador, e incluso le diera la espalda mostrando su más absoluta indiferencia. Lejos de reaccionar así, el seguidor atlético enseña su herida y clama porque no juegue en la liga española con el Real Madrid, ni por 45, ni por todo el oro del mundo. Salvo que el oro incluya jugadores apetecibles para la hinchada del Manzanares. Que ese es otro cantar.
Para el atlético es tan natural como irracional que el Kun no se vaya al Madrid. No entenderlo, es no saber de fútbol, ni siquiera los conceptos más básicos.
JUAN CARLOS RIVERO