El diario Marca adelantó hace unos días que Mourinho medita un cambio de capitanía en el Real Madrid. Inmediatamente surgieron voces a favor o en contra de la medida, o mejor a favor o en contra de retirarle el brazalete a Iker Casillas, que es el actual capitán del equipo. Trasladado al aspecto sentimental que inspira la presencia de Casillas el debate se hará eterno y el entendimiento imposible. Dicho esto, y para que sepamos todos donde estamos, a mi me parece estupendo que Casillas, a quien admiro, sea el capitán. Sin embargo, puedo llegar a entender los motivos de Mourinho, que imagino quiere lo mejor para el colectivo. Mi duda es si, influido por su poderoso ego, entiende que el colectivo es algo más que lo que a él sólo interesa.
En un estupendo libro (Capitanes, Lid editorial, 2010), muy recomendable, mi compañero y amigo, Luís Villarejo, hace un trazo magnífico de lo que representa un capitán en un equipo de fútbol. Villarejo aprovechó su año sabático después de salir de la dirección de comunicación del Real Madrid y a la espera de incorporarse de nuevo a la Agencia Efe, para recorrer media Europa de charla con jugadores que portan o han portado el brazalete. Cesc, Raúl, Torres, Forlán, Cañizares, Zubizarreta, Butragueño y un largo etcétera. Todos ellos transmiten muchas ideas del papel del capitán. A nosotros nos corresponde recoger la que más nos guste.
En este sentido, Antic, ex entrenador de Real Madrid, Barcelona y Atlético de Madrid, entre otros, comenta que a él no le gustaba que el portero fuera el capitán. Prefería un jugador de campo, más cercano al árbitro y a las incidencias propias del juego. Cañizares, actual comentarista de Canal Plus y la Cadena Ser, replica que Dino Zoff, portero, fue un gran capitán de la selección italiana durante mucho tiempo. Aunque Cañizares comenta que el papel de capitán no fue el sueño de su vida, precisamente. De hecho reconoce que ser capitán es como quien tiene un barco, es feliz dos veces, cuando lo compra y cuando lo vende. Para Cañizares dejar de ser capitán fue una liberación.
A poco más de un mes para el comienzo de la liga de fútbol, por ser el Madrid, y por tratarse de Casillas y una decisión de Mourinho, el asunto del Madrid es alta tensión. Al leer la noticia hice un tuit irónico valorando que el brazalete se lo diera Mou a su ayudante Silvino, que para asuntos del KO parece tener mejor mano. Vale, era una broma, de mejor o peor gusto. Pero inmediatamente me contestaron mis seguidores, a los que tanto agradezco, que sólo decía eso por mi condición de antimourinhista ¿-? Otros, sin embargo, viendo que alguna prensa de Madrid era partidaria del cambio, se preguntaban si esa misma prensa apoyaría que el cambio también llegara a la selección nacional para que el brazalete pasara a manos de Xavi o Puyol, por ejemplo.
Otros, aquellos que siempre saben lo que se habla en la T4 de este Madrid, reconocían que el club (imagino que se refieren a Florentino Pérez) ya quería algo parecido el año pasado cuando apostaba que Cristiano Ronaldo fuera el nuevo capitán. Llegados a este punto me remito a la función del capitán según el mencionado libro de Luis Villarejo: ser capitán de un equipo de fútbol es algo más que elegir campo al inicio de cada encuentro. El brazalete señala a un jugador que ejerce como enlace entre sus compañeros y el club, que representa a la entidad dentro y fuera del terreno de juego, que coordina la recepción de los nuevos jugadores, que colabora activamente para hacer grupo y que tiene una relación diferente con los árbitros. ¿Este es Cristiano Ronaldo? Lo que diga Mou.
JUAN CARLOS RIVERO