Asistí en directo a un par de Copas América, una en Uruguay en 1995 y otra en Colombia en 2001. Sin menospreciar a nadie, que quede claro, me llamó mucho la atención la diferencia en cuanto a infraestructuras y organización con una Eurocopa. Y me estoy refiriendo estrictamente al terreno del fútbol, no pretendo ir más allá. Recuerdo que en la de Uruguay compartí mucho tiempo con mi amigo Luís Villarejo, entonces como ahora, enviado especial de la agencia EFE. Aquellos viajes desde Montevideo a Rivera, ya en la frontera con Brasil, para visitar a la selección brasileña que estaba en su país, justo al otro lado de la frontera. En aquella selección ya estaban Roberto Carlos y Ronaldo entre otros. Fuera de Montevideo los hoteles que facilitaba la organización eran tremendamente discretos. La atención a los medios en los estadios era muy deficiente, los campos no estaban muy bien cuidados. Era otra época, es verdad. Y también las comunicaciones fallaban más de la cuenta.
En Colombia, hace ahora diez años, no estuvo la selección argentina que no acudió por motivos de seguridad. Alegaron que Colombia no les podía proporcionar la seguridad necesaria y renunciaron a participar. Aquella Copa América estuvo en el aire hasta el último momento por este motivo. Me he acordado de esto cuando en la presente edición he escuchado quejas en Argentina porque México no llevaba a su equipo absoluto, lo que les parecía una importante falta de respeto.
Ahora, en 2011, el torneo se juega en Argentina. Yo no estoy allí, pero por lo que leo, nos cuentan y veo, los estadios no están a la altura, el juego es bastante pobre. Y se están valorando las sorpresas de las eliminaciones de Brasil y Argentina como un aliciente de la competición cuando me parece síntoma de todo lo contrario. Hasta hace poco la Copa América se disputaba cada dos años, ahora es cada cuatro. En esto es en lo único que han logrado equipararse a la Eurocopa. En el resto, lamentablemente, siguen muy lejos. Por más que ahora las redes sociales, en especial twitter, conviertan la competición en mucho más de lo que en realidad es.
Y que conste que me alegro del triunfo de las cuatro selecciones semifinalistas. Lo de Venezuela es digno de mención. Me alegro de verdad por los vinotinto que tanto cariño le demostraron a España en la visita a Puerto la Cruz de primeros de Junio.
JUAN CARLOS RIVERO