
El destino final del Kun Agüero ha sido una sorpresa para todos, también para él mismo. No parece razonable que cuando, contra todo pronóstico, anunció al final de la pasada temporada que no seguiría en el Atlético de Madrid pensara en un destino como el City. En su comunicado público Agüero se refería a la necesidad de progresar deportivamente. No es mal equipo el City, y mucho menos siendo propiedad de un jeque que no repara en gastos, pero profesionalmente no parece que haya mucho salto entre el Atlético y el segundo equipo de Manchester. Suponiendo que haya alguno.
La decisión pública del Kun allá por el mes de Junio pilló en fuera de juego a los dueños del club. Ni Cerezo ni Miguel Ángel Gil esperaban algo así. Al menos, no de momento. Consideraban que el jugador estaría una temporada más y es al verano siguiente cuando se negociaría un traspaso. Eso es lo que nos cuentan que estaba más o menos pactado.
En todo este tiempo Cerezo se ha preguntado, lo ha hecho en voz alta, por el silencio que había en torno al futuro del Kun. Le extrañaba que no apareciera el equipo dispuesto a pagar los 45 millones de la famosa cláusula, porque no le entraba en la cabeza que Agüero se hubiera tirado a la piscina sin red. Y resulta que sí, que Agüero hizo público su anuncio sin saber adonde iba, o tal vez demasiado confiado en que los que el quería, especialmente el Madrid, aparecieran con la pasta.
A Cerezo le cayó la mundial con el anuncio de Agüero. Responsabilizaron al presidente atlético de una decisión unilateral del jugador, que ha terminado marchándose por la puerta de atrás del equipo que le dio la llave de Europa. Cuando se defiende a Cerezo en este asunto sus detractores aluden a la compra del club y a otros asuntos. No es el caso. A Cerezo le dieron palos porque el Kun se iba. Y ahora, desde el prisma atlético, los palos sólo son para el Kun. Aunque lo que le ha caído a Cerezo durante todo este tiempo no podrá olvidarlo jamás. Por dañino e injusto.
JUAN CARLOS RIVERO