Suavizada la tensión por el verano, normalizada por el partido de ida de la Supercopa, el desagradable incidente iniciado por Mourinho en la vuelta en el Camp Nou ha vuelto a abrir la caja de los truenos entre los jugadores del Barça y el Madrid.
Vimos en las imágenes, de las muchas que se ofrecieron, esto es, todas las que había, que Casillas y Xavi se recriminaban mutuamente por el último lance del partido. Y se advertía claramente en los labios de Casillas que le decía “no me jodas, no me jodas”. Otra vez los pesos pesados de la selección española enfrentados por la trascendencia de los clásicos. De nuevo el equipo nacional afectado por la rivalidad de los dos clubes más poderosos del planeta, y la actuación de aquellos para los que la selección española no forma parte de su negociado. Eso ya lo sabemos.
Informaciones del día después destacan que Casillas quiso localizar a Xavi, que acabó hablando con Puyol. Que en el fondo saben que están obligados a entenderse por el interés de un equipo que está por encima de todos ellos.
Ahora Cazorla afirma en Asturias que la situación de la selección es límite. Y esto lleva a preguntarnos por el papel de los otros internacionales. Los que no pertenecen ni al Madrid ni al Barcelona. ¿Qué piensan ellos? ¿Cuál es el nivel de hartazgo por las rencillas disimuladas de sus compañeros? Tanto hablamos de los jugadores de los dos grandes, es verdad que son el grueso de la selección, que nos estamos olvidando de que hay más. Futbolistas que han contribuido a la conquista de la Eurocopa y el Mundial. Que merecen tanto respeto como los demás. Que guardan silencio, de momento. Cazorla ha sido el primero en romperlo. Igual son ellos los que han de dar un golpe en la mesa. De una vez por todas.
JUAN CARLOS RIVERO