La tangana organizada en el último minuto del partido de España ante Chile dio pie a varias interpretaciones. Después de lo mucho que se ha hablado sobre la hipotética división interna en el seno de la selección como consecuencia de la guerra de los clásicos, a determinados sectores le ha molestado que de repente los internacionales se comportaran como un equipo en las malas, cuando les hemos visto hacerlo repetidamente en las buenas, grandes partidos, estupendas victorias, y dos títulos de por medio. Una Eurocopa y un Mundial. Una pelea general entre integrantes de dos equipos en disputa no es edificante, nunca es una situación ideal, pero es muy natural en un deporte de contacto como el fútbol. Basta que un grupo de amigos se repartan en dos equipos diferentes para que en el transcurso de un partido de fútbol surjan roces. Esta es la causa, aunque también es verdad que a los jugadores profesionales les corresponde minimizar los efectos. De ahí que el seleccionador, Vicente del Bosque, la haya reprobado.
Sucede que tras una agresión a Iniesta reaccionó Arbeloa que después encontró la solidaridad de Busquets. De repente, los propios mecanismos del fútbol tumbaron la teoría del fin de la roja.
No se puede decir que una pelea consigue unir a los jugadores españoles, ese no puede ser el deseo de nadie, pero si vimos y es lo más normal que los jugadores españoles se defienden en bloque. Y en el trasfondo del asunto está la reacción chilena al penalti decretado en el último minuto, y la dureza exhibida cuando vieron que el partido se les escapaba de las manos. Los chilenos golpearon, futbolísticamente hablando, y los jugadores de España se defendieron, como lo que son, un equipo. ¿Dónde está el problema?
JUAN CARLOS RIVERO