Pedro León es un jugador de gran calidad técnica con un buen entendimiento del juego. A pesar de no tener una gran velocidad puede jugar en la banda por su control del espacio, de hecho puede hacerlo en ambos costados. Físicamente es débil, pero suple esta carencia con su buena colocación. Y aquí llegamos al punto crucial. Se trata de un futbolista del que hay que estar muy pendiente, hay que darle cariño. De lo contrario se dispersa y acaba sintiéndose obligado a disculparse.
Lo escribo yo pero la fuente es de aquellos que le conocen bien. Queda claro que nada de esto fue valorado en su paso por el Madrid, hasta protagonizar episodios penosos de confrontación con su entrenador, José Mourinho. El Soplón contaba en el confidencial de Terra que en una ocasión mientras Mou y Sergio Ramos aclaraban algún malentendido, Pedro León se dirigió a su compañero al grito de “tranquilo, que le quedan dos telediarios”. Está claro que el jugador confundió los tiempos. Los pocos telediarios eran para él.
A Pedro León no se le perdonó que visitara la casa de su anterior entrenador en el Getafe el día que Mourinho le dejaba en muy mal lugar por su ausencia en un partido de la Liga de Campeones. Aquel día que le comparó con Maradona o Zidane. Puestos a comparar todos perdemos con alguien, depende del contrincante. A Mou le pasaría lo mismo en función del oponente elegido. Por ejemplo, como jugador no resistiría la comparación con nadie. Sin embargo, Pedro León no visitaba a su anterior entrenador, sino a un familiar. Y fue allí donde se enteró de las manifestaciones de Mou.
Con el paso del tiempo el entrenador del Real Madrid ha decidido nombrar a Pedro León para recordar todo lo que no desea en un jugador. Parece excesivo. La respuesta del chaval ha sido el silencio, apenas alguna mención aislada, sabedor de que en esa guerra no iba a sacar nada positivo, dado el poderoso aparato de propaganda que acompaña al técnico portugués. Lo que si demuestra el dato es que esa fabulosa relación de Mou con todos sus ex jugadores no es cierta. Lo que no deja de ser una normalidad. Lo otro, inventar que todos le aman, es otro axioma del aparato. Como muchos otros.
JUAN CARLOS RIVERO