El churro media manga manga entera que Mourinho le aplicó a Callejón en la celebración del tercer gol madridista en Mestalla ha levantando ampollas en Valencia. Y en Barcelona. La verdad es que a mi no me parece mal que cada cual celebre un gol como le parezca, siempre que no sea una falta de respeto para el rival –regla básica para cualquier deportista- y no parece que subirse a hombros de alguien del propio equipo vaya en contra de nadie.
A la celebración de Mourinho se le ha calificado como cómica, esperpéntica, teatrera, impropia y no sé cuantas cosas más. Puede que sea un poco de todo, pero no tiene por qué molestar a nadie. En todo caso delata las excentricidades del propio Mourinho, en las que siempre y llevado por su carácter singular parece sentirse tan cómodo.
Cierto que lo que parecía un gesto sin más de un tipo al que no le gusta pasar inadvertido, se ha estropeado con sus declaraciones. Mourinho habría quedado muy bien si hubiera sido más claro en sus manifestaciones, esto es, si hubiera dicho que lo celebró con uno de sus jugadores porque era un momento clave del partido y un gol muy importante. Pero como no consiente vivir en el anonimato se pensó una justificación que ha sido un sinsentido. Comentó Mou que el Valencia debía sentirse halagado por la celebración, ya que demostraba cuan contento estaba por un gol conseguido ante un rival muy difícil. Lo que no se sostiene por ningún lado. Por la misma vía cabe entender que cuando Piqué levanto su brazo para reivindicar la manita lo hacía como un halago hacia el Madrid, que debería haberse marchado al vestuario orgulloso por la alegría que a su rival le dieron los cinco goles, uno tras otro. Y creo que no era esto, ¿no? La derrota no halaga a nadie. Esto ya lo sabe Mou, lo incongruente es que no se lo aplique a los demás.
JUAN CARLOS RIVERO