Puede que cuando Vd. lea este post los comités disciplinarios de la Federación Española de Fútbol hayan decidido en torno a la tarjeta de Piqué, que es una de las tarjetas amarillas más famosas del fútbol.
La incidencia sobre el clásico del 10 de diciembre ha convertido una acción muy común en una cuestión de orden mayor, así lo han entendido los medios de comunicación que llevan días escribiendo, discutiendo o emitiendo información en torno a la forzada demora de Piqué y la tarjeta que le mostró Pérez Lasa, lo que le permitirá cumplir sanción frente al Levante y no ante el Real Madrid en el campeonato de la liga de fútbol.
Todo se ha disparado porque este verano los miembros del comité incluyeron un nuevo artículo para castigar las tarjetas forzadas por los jugadores con el fin de cumplir a la carta las sanciones. El texto deja a la interpretación del árbitro si el futbolista busca a conciencia la cartulina. Esto es, se pretendió ponerle vallas al campo. Bastante tienen los árbitros para analizar las jugadas como para valorar en caliente y al detalle las conductas de los jugadores, incluso las de orden disciplinario.
El fútbol es engaño. Ya sabemos que tiene un límite. No es de recibo que un jugador finja una agresión por la falta de respeto que supone para el árbitro y su propio compañero, el supuesto agresor. Lo es también que finja una caída para que el árbitro pite una falta o, dentro del área, un penalti. Pero forzar una cartulina para cumplir un ciclo es una anécdota que no debería haberse incluido en reglamento alguno, ni estar en la consideración del árbitro. Y peor aún, que si el árbitro no lo hace constar que entonces lleguen los comités para darle otra vuelta de tuerca. Y más lío.
Cierto que hay un precedente con aquella estratagema que Mourinho montó en Ámsterdam y que la UEFA castigó, amparándose en la pericia del realizador de televisión que fue capaz de filmar toda la secuencia. Entonces ni él ni nadie pudieron imaginar que la UEFA iba a castigar con tanta dureza y arbitrariedad aquel episodio.
De aquellos barros estos lodos. Aunque sean organismos distintos. Forzar una tarjeta por demorar el saque de una falta es una solemne tontería que no debería ocupar tanto tiempo. Por qué castigar si se fuerza el fin de ciclo, ¿por qué no hacerlo en las anteriores? En la primera, la segunda y así sucesivamente. Sólo la incidencia en el clásico le ha dado importancia a un asunto tan baladí que ni en Ámsterdam ni en Barcelona, ni en ninguna parte debería ser castigado. Hay cosas peores.
JUAN CARLOS RIVERO