Impasible el ademán los ultras del Real Madrid mostraron su fe inquebrantable en el entrenador, José Mourinho, durante el partido Real Madrid – Athletic del Bernabéu. Para entonces el partido estaba ya decidido y para sorpresa general un importante sector del estadio contestó con pitos. Es la primera vez desde su llegada al Madrid que Mourinho no tiene el aliento unánime de su afición. Esta vez si escuchó al público, otras veces lo ha negado, y respondió en la sala de prensa que si este estadio ha pitado a muchos –lo que es verdad- por qué él iba a ser una excepción. Pues lo es.
La diferencia es que a todos los demás se les ha pitado por bajo rendimiento, por un mal pase, por fallar goles, por no dar lo que se esperaba de ellos, por indolencia, por falta de compromiso. Y es verdad que se ha pitado al equipo en muchas fases de su historia, por perder, por poco rendimiento, por juego defensivo, por falta de actitud, por jugar rematadamente mal. Sin embargo, en la historia reciente del Madrid, la que abarca varias décadas, es la primera vez que veo que el Bernabéu pita a su entrenador. Sólo a su entrenador cuando su equipo está jugando bien, ganando en casa, y líder de la liga con cinco puntos de diferencia sobre el Barcelona completada la primera vuelta del campeonato de la liga de fútbol.
Claro que los malos resultados con el Barça influyen. Mourinho fue fichado para contrarrestar el inmenso desafío que supone el actual Barcelona para el Madrid. Lo es por ser un equipo admirado en el mundo entero, que ha conseguido 13 de los últimos 16 títulos en juego, es decir, está en ese lugar que sería el gran sueño del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez.
Nos equivocaríamos si sólo analizáramos los pitos a Mourinho como queja por los resultados con el Barça. Es algo más que eso. El público, o parte del público, censuró con su protesta una manera de hacer. Un comportamiento que es toda una novedad en el banquillo del Madrid. Que incluye a Mourinho y con menos resonancia a todos sus ayudantes. Una imagen del todo vale con tal de ganar que por primera vez ha abierto una fisura entre sus seguidores. Y no hay aficionados a quienes les guste más ganar que a los del Madrid. Seguro que todos los que pitan no ven en la actualidad recambio posible y creen de verdad que Mourinho es el entrenador. Pero le han pedido otras formas, dentro y fuera del campo, con sus jugadores, con los rivales, con todos. Le han pedido grandeza. Ahora es el turno de Mou.
JUAN CARLOS RIVERO