La copa del rey inaugura el fútbol de 2012 con un hipotético enfrentamiento de cuartos entre el Real Madrid y el Barcelona, con todos los respetos para Málaga y Osasuna, sus rivales en octavos.
Mourinho no quiso hablar en la víspera del partido ante el Málaga de su rival en cuartos. Hace bien, primero por respeto al adversario, y en segundo lugar porque no gana nada haciéndolo.
El Madrid se ha enfrentado tres veces al Barça esta temporada y no le ha ganado una sola vez. Le dio mucha guerra en la Supercopa, resuelta por el genio de Messi. Y fue menos rival en diciembre, en el partido de liga. Mourinho ha reconocido que en otra liga el Madrid sería campeón, valorando sin decirlo –no suele ser muy generoso en los halagos y menos al Barça- que los blaugrana son invencibles.
De cada partido ante el Barça surgen teorías de cómo el Madrid tendrá que afrontar el siguiente. Una vez que si presionando más arriba, otros que si reforzando el centro del campo, otras veces que si sorprendiendo a la contra, de todas cuando el Madrid le ha disputado el balón al Barcelona más cerca ha estado del éxito pero es la vía que menos ha intentado, si bien esta es otra historia.
El caso es que el éxito del Madrid pasa por derribar al Barça y viceversa. Mourinho lo sabe y hace como que no lo teme. Guardiola también lo sabe y no esconde su admiración por el Madrid a pesar de salir victorioso en casi todos los envites. Es una pequeña diferencia pero con un gran significado.
La Copa será el primer termómetro del año para medir la temperatura de los clásicos. Uno de los dos perderá un título, y con esa rémora tendrán que afrontar la fase decisiva de la liga y una posible eliminatoria de Champions. Es un desafío descomunal, un monumento al fútbol.
JUAN CARLOS RIVERO