Por Alfonso Celemín:
Fernando Torres ya pasea el rojo pasión del Liverpool por Anfield Road y aquí en Madrid ha dejado momentos para la reflexión…
Si dentro de unos meses, los refuerzos conseguidos por el Atlético de Madrid no dan la talla, habrá bronca y reprocharán a Miguel Ángel Gil y Enrique Cerezo la venta del que era su santo y seña. No olvidemos que en los últimos siete años, Fernando Torres ha sido la figura indiscutible del Vicente Calderón. Era su mejor futbolista y el que marcaba las diferencias.
El Atlético de Madrid, por su condición de segundo equipo de Madrid, por pertenecer a la extraña estirpe de pasar del cielo al infierno en un segundo de tiempo, de crear grandes euforias y las más dramáticas depresiones, siempre ha necesitado acogerse a una gran figura… Y esa era Fernando Torres. Por esta circunstancia en gran parte de la afición atlética el ánimo lo tienen por los suelos.
En teoría, el club ha salido ganando en la operación salida. El Atlético lo ha vendido muy bien y con su dinero ha podido fichar a jugadores que van a sumar y fortalecer a los rojiblancos. Cambiar una estrella por tres buenos jugadores, en principio, es un buen negocio. Forlán tal vez meta más goles que Torres. Quaresma, si finalmente lo fichan, es un estilete por la banda derecha y Cléber Santana, es un centrocampista todo terreno.
Tengo la sensación que la próxima temporada en el Atlético de Madrid prevalecerá el equipo por encima de cualquier individualidad. A pesar de contar con la ayuda de Reina, Xabi Alonso y sobre todo de Rafa Benítez, su gran valedor, a Fernando Torres no le será fácil ganarse el puesto. De él dependerá el éxito. En principio el tipo de juego que se practica en la Premier le va de maravilla a sus condiciones. En el contragolpe se siente como pez en el agua.
El tiempo, juez inexorable, será quien diga al final si el Atlético de Madrid acertó ó no en el traspaso de Torres. Al tiempo.