
Por Alfonso Celemín:
Basta….., no me lo creo. No lo quiero creer, pero al filo de las cuatro de la tarde., el ahora ordenador (antes teletipo) sonó con tristeza para anunciar la muerte de Antonio Puerta. Una noticia que no queríamos recibir, pero que desafortunadamente se ha producido para desgracia de nuestro fútbol y para una familia rota de dolor. El fútbol está de luto.
La carne de gallina y las lagrimas envuelven mi rostro mientras escribo estas letras nervioso y atolondrado por el impacto de la triste noticia. No es posible que un deportista en la flor de la vida se tenga que ir. Las ideas no me salen, me tiembla el pulso y las letras expresan mi profunda pena. No es justo, que un chaval que quería comerse el mundo no vea más la luz. No es justo que no pueda conocer al hijo que esperaba. No…..No, y mil veces no.
Me dicen que va a un sitio mejor, donde podrá jugar al fútbol sin sentir la fatiga del esfuerzo y donde la alegría es permanente. Pero no me consuelo. Yo quería ver al Antonio Puerta, todo pundonor y coraje, subiendo la banda izquierda, dando un pase ó marcando un gol para que su Sevilla subiese a lo más alto…. Lo ha conseguido, pero a él, ya no lo veremos animar los viajes y a la expedición de un equipo que es un mar de lagrimas…
En su corta vida deportiva, ha dejado una gran impronta. Iba para figura pero el destino le ha hecho una mala jugada. Puerta pasará a la historia por el gol que marcó el 27 de abril de 2006. Aquella noche, una excepcional volea con su pie izquierdo, que era como un guante, y frente al Schalke 04 alemán clasificó al Sevilla para su primera final en 44 años y le permitió ganar la Copa de la UEFA, primer título del club en seis décadas.
Por la trascendencia histórica de ese tanto, que permitió abrir una serie de cinco títulos en quince meses que puede ampliarse esta semana con la obtención de la segunda Supercopa de Europa, la acción quedó bautizada como "el gol que cambió nuestras vidas", y así ha sido para varias generaciones de sevillistas, que esa noche vieron desaparecer el fantasma de un club irremediablemente perdedor.
Ese 27 de abril, era jueves de Feria en Sevilla y la expresión vino regalada: "Puerta grande", titularon todos los periódicos. Al día siguiente, el torero sevillano Salvador Cortés cortó cuatro orejas en La Maestranza, una hazaña inédita en tres décadas. Salió a hombros por la Puerta del Príncipe, que aquella tarde era la "Puerta de Antonio".
….. Y Antonio Puerta se va por la puerta grande. ¡ Adiós campeón ¡