
Por Alfonso Celemín:
Alguien, no sé quién debería hacer algo y tomar cartas en el asunto. No puede ser que Luis Aragonés siga dirigiendo a la selección española de fútbol y que Angel Maria Villar continúe presidiendo la Federación Española de Fútbol.
El equipo español con Luis Aragonés ha tocado fondo, ha perdido el control de la Selección a la que está arrastrando con sus miserias. Los jugadores, comienzan a sentir la misma frustración que los aficionados padecen con el combinado nacional desde hace tiempo. Luis Aragonés con Angel Maria Villar se mantienen contumaces en su error… Ven que el equipo español se hunde y nada hacen, y encima no dan la cara. El presidente de la Federación después del desplante de Luis a la prensa, con su habitual cobardía, desapareció.
De Luis, que vamos a decir, ya no podrá alardear de una de sus frases favoritas: “Yo siempre doy la cara, voy de frente”. Tras el partido frente a Lituania, no lo hizo y tiró piedras contra su propio tejado al esconderse de la afición y de la prensa. También lo hizo de sus jugadores, a los que dejó tirados en el aeropuerto en el viaje de regreso. Luis regresó a Madrid en coche para evitar a los aficionados y a los medios de comunicación. Eso tiene un nombre, cobardía.
La situación actual del seleccionador es insostenible, porque ha entrado en una dinámica muy peligrosa para el grupo. Luis está deprimido y la selección también. Da la sensación que ya no es capaz de pilotar una nave que va a la deriva.
Seguramente los males de la Selección no se solucionarán con su salida, pero es necesario que se vaya para iniciar un nuevo ciclo. Así lo reclama la afición y el propio equipo español. Los resultados han sido malos en la etapa de Luis Aragonés, que tampoco ha encontrado el patrón de juego y la motivación que faltan desde hace años.
Con este panorama, hay más posibilidades de perder en Dinamarca dentro de un mes con él que sin él. Luis no debe eludir su responsabilidad y mucho menos ir de victima para no dar explicaciones. Ha llegado el momento de hacerle abandonar un cargo en el que no ha estado a la altura de lo que se esperaba de él.. Por su bien, y sobre todo por el de la selección española de fútbol, debe dimitir.