
Por Alfonso Celemín:
Confieso que Luis Aragonés, como seleccionador no cuenta con mi admiración. Me ha decepcionado por muchos motivos, y no por su negativa a convocar a Raúl, sino por su poca valentía y no cumplir la promesa de marcharse si fracasaba en el Mundial de Alemania… Se fracasó y ahí sigue. A partir de ese momento Luis dejó de ser ese entrenador sincero, valiente y aguerrido que te miraba a los ojos para decirte las verdades. Ahí comenzó su caída…
Desde entonces, Luis Aragonés ha ido sembrando confusión a su alrededor. El caso de Raúl ha acabado de viciar el ambiente en la selección. Un ambiente que se fue cargando hasta límites insospechados con el affaire de Reyes – Henry (tú eres mejor que el negro) que escandalizó a Gran Bretaña o cuando Joaquín califico de despelote a la selección.
Estos son los hechos incuestionables, pero a pesar de mi poca simpatía por Luis, tengo que confesar que la persecución a la que está siendo sometida roza lo inhumano.. Muchos le están buscando y lo encuentran. Es fácil provocarle. Había finalizado el entrenamiento vespertino del miércoles. Luis Aragonés se acercó a firmar autógrafos y un aficionado con una careta de Raúl no dejaba de cuestionarle la injusticia de la ausencia de Raúl. Harto de tanta presión, el seleccionador picó y explotó, sin reparar que quien le provocaba era “el follonero”, el irrespetuoso reportero de Buenafuente, programa de la sexta, ni que había una cámara grabándole. Luis, entonces, dió rienda suelta a los sapos que lleva dentro por todo este asunto: “¿Tú sabes a cuántos mundiales ha ido Raúl? A tres y ¿sabes a cuántas Eurocopas? A dos. Dime lo qué hemos ganado, dime”, le preguntó Luis tres veces seguidas. “La culpa la tiene la prensa, os equivoca”. Y se marchó muy enojado.
Aquí en ese escaso minuto, el seleccionador quedó retratado y demostró ser poco hábil. Picó de forma infantil y puso sobre la mesa sus fobias… Fue un desahogo cutre y gratuito que revela su obsesión y su estado de nervios. Luis está viviendo momentos muy tensos que le llevan a perder el control. El seleccionador está siendo objeto de mofa y eso, además de no ser ético no es bueno para el equipo español que está por encima de todos y de todo.
Los jugadores, mientras tanto, callan pero están muy preocupados por el ambiente que todo esto conlleva. No hay la tranquilidad suficiente para encarar el trascendental partido del sábado ante Dinamarca. Pero los problemas hay que dejarlos aparcados. Tenemos que ganar como sea. Después tiempo habrá para hacer análisis s, pero el ciclo de Luis en la selección española ha llegado a su fin. Por cierto, a todo esto que hace el presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, callar… El silencio y el oscurantismo es lo suyo. Una ayuda a Luis no vendría mal… Pero, como es habitual nunca da la cara.