
El
Atlético
sumó la novena ocasión en que no pudo vencer en el Vicente Calderón al
Madrid. En lo que va del nuevo siglo, los rojblancos no han podido
ganar a los blancos.
El Atlético se había hecho a la idea de que esta vez podía
ganar al Madrid. En menos de un minuto, con dos errores consecutivos de
dos de sus defensas, Perea y Pablo, el Madrid tomó ventaja en el
marcador y a partir de ese instante los atléticos carecieron de
precisión en el pase, mostraron excesivos nervios y en más de una
ocasión recurrieron al juego duro, consecuencia del sentimiento de
impotencia que les atosigó durante todo el partido. Con el gol de Van
Nistelrooy, el segundo, el partido, prácticamente, se acabó. Las
mejores ocasiones atléticas las salvó el de siempre, Casillas. Y para
colmo de mala suerte para los atléticos,
los palos tomaron partido por el Madrid. El Atlético de Madrid además de no jugar mejor, encima, tampoco tuvo la mínima fortuna
Lo peor para el aficionado
cuyo equipo pierde en un derbi, en este caso el Atlético, no es la
derrota ni el partido en sí, sino el día después. Los seguidores tienen
que aguantar las bromas, unas llenas de buenas intenciones y otras
cargadas de mala leche, de los compañeros y amigos del otro bando.
La vida sigue igual, a los
buenos aficionados colchoneros se les quedó mala cara después de acudir
al Manzanares cargados de ilusión por la actuación de su equipo que
casi estaba codo con codo con el Real Madrid y venia ofreciendo
actuaciones que les hacia soñar, avaladas por los fichajes de sus dos
estrellas, Kun Agüero y Forlán, capaces de disfrazar en algunas
ocasiones las carencias de un equipo que todavía necesita más
argumentos para asentar un proyecto ganador.
Si encima se enfrenta a un rival como el Madrid, que es superior, y que tiene gran pegada, que
cuenta
sus oportunidades con goles, que los logra en los momentos que más daño
hacen —Raúl a los 56 segundos y Van Nistelrooy en el minuto 41, al
borde del descanso—, que se encuentra con regalos como el del defensor
rojiblanco Pablo, que cuenta con un seguro de de vida en Iker Casillas
y que tiene la suerte que suele proteger los campeones….., convendrán
conmigo que el Atlético no podía ganar. El equipo de Aguirre necesita
todavía mucho trabajo para estar a la altura de los mejores. Su misión
y su objetivo deben ser Europa, y sobre esa piedra construir un gran proyecto que les devuelva a la elite.
El derbi fue blanco. En el Calderón hubo un equipo que supo marcar las
pautas y otro que se vació en carreras alocadas y sin más sentido que
las jugadas individuales de sus puntas. El Madrid fue la sensatez al
explotar perfectamente sus recursos humanos, y el Atlético la
precipitación contra el reloj. La diferencia radicó precisamente en
saber en todo momento el papel que debía asumir cada uno sobre el
campo, y el dirigido por Bernd Schuster sigue confirmando su camino
recto hacia el título. Tiene el aroma de campeón.
El Atlético fue otra víctima más de un Real Madrid que sigue sometiendo
a sus rivales con la autoridad que le dan su efectividad en el remate y
las paradas de Casillas. Es un monumento a la eficacia. No juega a esa
tontería que se ha dado en llamar
el
tiki-taka. Pero Juega en equipo, con garra y profesionalidad, y gana lo
que a la postre importa en el fútbol. Los demás son milongas…. Los
jugadores del Madrid después de la eliminación de copa tras realizar
tal vez el mejor partido de la temporada, no quieren ni oír de hablar
del juego bonito. Sólo quieren ganar, sin importarles como.
No lo hacen bonito ni dan espectáculo. Lo
hacen a la contra y dependiendo mucho de Casillas. Pero eso si, tienen
una fe y confianza que les da alas.
No está Capello, pero es
como si estuviera porque juegan bajo el mismo prisma. Pero al italiano
no se le perdonaba y a Schuster si. Son los caprichos mediáticos.
Sin duda, el Real Madrid en el Vicente Calderón dio un golpe de autoridad. Algo que esta temporada
ha hecho a domicilio de los otros grandes: Barcelona, Valencia. En todos esos desplazamientos dio
sensación de un
gran poder. Huele a campeón.