Valencia y Villarreal, con 16 puntos, Sevilla 14, Barcelona y Real Madrid con trece forman el pelotón de la escapada buena que está llamada a abrir brecha. Porque la liga a estas alturas, casi recién comenzada, parece cosa de cinco.
La sexta jornada nos dejó sensaciones encontradas.
Del quinteto de cabeza se descuelga el Atlético de Madrid después de su lamentable experiencia en el Camp Nou. Del grupo de elite, sólo patinó el Real Madrid muy espeso ante un Espanyol que, con De la Peña como timón, fue más luminoso. El grupo de Schuster estuvo partido, defendió con problemas, permitió las contras del Espanyol y no administró el desorden en un encuentro enloquecido. Para colmo no tuvo la iniciativa en el juego. Sin Robben perdió el fútbol por las bandas y con el holandés llegó la peor noticia, su nueva lesión muscular que le tendrá apartado de los terrenos de juego unos quince días como máximo. Sin juego por las bandas, sobre todo en la primera parte, el juego del Madrid fue muy previsible
Y menos mal, que apareció Raúl, letal cuando le cuestionan, que volvió para rescatar a su equipo. Al capitán blanco, lo matamos una semana, lo rematamos y lo enterramos (metafóricamente hablando), pero siempre regresa y conquista los territorios perdidos. Frente al Espanyol volvió a decir aquello de “ Aquí estoy” y sacó a su equipo del hoyo cuando estaba casi muerto. Pero por el camino cedió un punto, perdió al único extremo que le queda y avisó a los rivales de sus carencias. El Madrid sigue moviéndose mejor desde el carácter y el vigor que desde el control del balón.
También sufrieron Valencia y Villarreal, pero su oficio les hace mantenerse en lo más alto de la clasificación. Cuentan y de qué manera para estar peleando por el titulo de liga. Más alegría tuvo el Sevilla y el Barcelona, que despacharon con contundentes goleadas a sus visitantes.
El quipo de Manolo Jiménez va tomando cuerpo y cabalga de nuevo por las cumbres de la liga. Los hispalenses son duros de roer, es un equipo muy trabajado, rocoso y resistente.
Capitulo aparte merece lo ocurrido el sábado en el Camp Nou. El gatillazo del Atlético coincidió con el éxtasis de los azulgranas que no tuvieron piedad de los rojiblancos. Ridículos como ese sepultan las ilusiones de una afición atlética que volvía a enorgullecerse de su equipo. Ahora todo se vuelve a cuestionar.
El Barça por el contrario, dio un golpe en la mesa, tal vez la declaración de intenciones más contundente de lo que va de campeonato.
No obstante cabe una reflexión: ni el Barcelona de Guardiola es tan excelso como aparentó con el 6-1, ni el Atlético de Madrid es tan malo como demostró en el Camp Nou. A uno, le salió todo, y el otro estuvo hecho un desastre en todos los aspectos. La del sábado fue la peor derrota como visitante en 40 años.
Los dos grandes, Barcelona y Real Madrid caminan iguales, aunque suenan distintos. Los culés comienzan a deslumbrar y los blancos siembran dudas. Al menos en esta semana. Ya saben, esto del fútbol cambia cada día.