Los futbolistas muchas veces acuden a la prensa para contar sus penas. Lo ha hecho Sergio Ramos en su momento personal más bajo y cuando empieza a ser criticado por sus lagunas defensivas en esta temporada.
Más allá de la indiscreción por airear los trapos sucios y por sus críticas al sistema de Bernd Schuster, ha elegido el peor momento para salirse de madre, pues agregó un ingrediente desestabilizador a la resaca de Turín y cuando en el Madrid hay varios frentes abiertos. Hay demasiadas broncas en un club que antes se caracterizaba por la habilidad que tenia para erradicar los problemas.
Sergio Ramos, no tiene razón alguna ni el fondo ni en la forma. Ha creado un cisma en el vestuario que ha roto en parte la unidad de la cocina madridista. Valga un ejemplo, cuando durante el Real Madrid-Athletic, Raúl fue sustituido por Saviola el capitán blanco saludó uno a uno a los que estaban en el banquillo y menospreció a Sergio Ramos, evitando apropósito saludarlo. La tensión era palpable. Afortunadamente, y para que las aguas vuelvan a su cauce, el lunes, con mesa y mantel, hubo comida de confraternización entre Sergio Ramos y varios compañeros, incluido Raúl. El de Camas ha entonado el mea culpa, ha pedido perdón al equipo, y aquí paz y aquí gloria.
En el fondo de toda esta desolación, subyace el malestar de Sergio Ramos por una razón fundamental: El club le había prometido una renovación con mejora de contrato en la pasada primavera que todavía no se ha firmado. Tanto se mosqueó con la entidad blanca, que a principio de temporada advirtió que a partir de ese momento se negaría a jugar infiltrado.
Todo esto, unido a que atraviesa su peor momento desde que llegó al Real Madrid le hicieron explotar. "¿ Qué se tiene que comer todos los marrones? " Pues muy bien, Schuster, sin hacer gala de diplomacia y creo que equivocándose, le dio la respuesta: "al banquillo", para que sepa quién manda. Está claro que el alemán ha querido dar una lección a Ramos.
Lejos quedan ya los tiempos en los que iba de buen padre con los jugadores. Quizá el Real Madrid ya no sea para él la familia ideal. Resulta chocante que, por asuntos más graves con Robinho, acudió a la diplomacia y al cariño para solucionar un problema que a la postre fue positivo. Ahora con Sergio Ramos, ha sacado el látigo. Encadenándole públicamente en el banquillo ha creado un problema donde no lo había. Donde hubo fuego siempre queda rescoldo. Sergio Ramos ya ha iniciado su reintegración, comiendo con sus compañeros. El vestuario le ha perdonado, su salida de pata, pero ¿y Schuster, le ha perdonado?...
Y un ruego: que el Real Madrid deje de ver que hay una mano negra y conspiración arbitral contra él. Si por algo se ha caracterizado siempre el equipo blanco, ha sido por el enorme respeto que en todo momento ha tenido hacia los colegiados. Siempre eran, los otros, los que lloraban. Ramón Calderón debe mandar callar.