El Real Madrid con su empate a uno en Almería confirma las malas sensaciones que está dando en los últimos cinco partidos que ha disputado. Con dos derrotas, dos empates y con tan solo una victoria, no está ofreciendo su mejor imagen ni mucho menos, y si todo lo contrario.
Schuster, dando muestras de debilidad y de falta de confianza, alineó en el estadio Mediterraneo toda su artillería defensiva con Gago y Diarra como escuderos. El resultado fue un juego insulso que no iba a ninguna parte. Lo único bueno que hicieron fue la jugada y el golazo de Raúl, quien siete meses después volvió a marcar fuera del Bernabeu.. Después el Real Madrid se echó a dormir y con una falta de actitud insultante se dejó mojar la oreja por un Almería que puso las ganas y la ilusión que le faltó al Real Madrid. Y como era de suponer, llego el empate… y gracias.
Desear y querer son dos cosas tan diferentes como un empate y una victoria. El Real Madrid no quiso ganar en Almería.
Querer es poner los medios para conseguir lo que se desea. El Madrid no los puso. No solo se dejó empatar, sino que por el camino perdió crédito. Tal y como está la liga, el Real Madrid juega ahora dos partidos cada jornada: el real, el encuentro de turno y el simbólico contra el Barcelona. Visto el juego que los azulgranas están desplegando, ha sido una doble derrota blanca disimulada con un punto.
Si por algo se ha caracterizado siempre el Madrid ha sido por su ambición. Marcaba el primero y buscaba el segundo…. Y además ponía lo que tenia que poner sobre el terreno de juego: Garra, ganas y mucha actitud…. En Almería, esas cualidades desaparecieron. Y se vio a un equipo vulgar, abúlico, lento en la creación y con poca actitud. En fin, despreció lo elemental: la voluntad de ganar.
Seguramente, y por el bien de todos contra la Juventus de Turín, volverán los viejos valores que hicieron grande al Real Madrid. Lo esperamos.