Sigo manteniendo como indicaba hace unos días que este Real Madrid está roto. No sólo por los muchos lesionados que tiene sino por lo que se ve en el campo. En el Coliseúm hizo un partido deprimente ante un rival que con poco estuvo a punto de golearle. A este Madrid no hay por donde cogerlo. Le falta clase, pundonor y hasta estilo. No hay un jugador que marque las diferencias y que desequilibre. Pierde puntos, no tiene fútbol, en su plantilla hay muchas rebajas y ya no sólo despiertan dudas los futbolistas, el técnico, el director deportivo o el presidente. Ahora también quedan en entredicho el cuerpo médico y los preparadores físicos, sobre todo Walter Di Salvo. Seria conveniente decirle al preparador italiano que menos laboratorio y más trabajo en el campo. Los Vorgic, Mata, y Javier Miñano que yo he conocido no se deban tanta importancia como Di Salvo, trabajaban con los jugadores sobre el terreno de juego, y el equipo estaba mejor preparado que ahora.
No sirve de excusa, pero en el Coliseúm, en la primera media hora, se rompieron Sneijder y Torres, dos chicos que en tres meses de competición ya han tenido tiempo de lesionarse, reaparecer y de nuevo quedar convalecientes. Pepe también ha vuelto a caer lesionado (sufre una contractura muscular). La enfermería blanca con diez bajas está repleta y no todo puede ser a causa de algún extraño vudú. Algo no funciona bien, ¿verdad señor Di Salvo?...
Con la derrota en Getafe dice adiós a la controvertida prima que tanto ha atormentado al madridismo en la última semana. Con dinero se puede comprar casi todo, pero nadie puede adquirir motivación, concentración y seguridad defensiva. La falta de atención y los errores en defensa condenaron a un patético y triste Real Madrid contra un Getafe que sin demostrar gran cosa supo aprovechar las enormes carencias y las pocas ganas y la falta de actitud de su rival que volvió a ofrecer su peor versión.
Las bandas del Real Madrid volvieron a dar miedo. Y por la zona del lateral derecho defendida primero por Torres y después por Salgado, llegaron los goles del Getafe.
De los centrocampistas no hubo noticias. Guti estuvo pasota y aúsente . Fue de esos días para olvidar que tiene de vez en cuando. Gago trabajo mucho pero le faltó precisión. Van der Vaart, el sustituto del lesionado Sneijder, estaba más perdido que Marco buscando a su madre. Y delante, no había nadie ni nada. Raúl, y lo he admirado, me da la sensación que debe pensar ya en retirada aunque reaparezca de vez en cuando, y Saviola es una pena.
Luego está Schuster que merece capitulo a parte. Este hombre no debe seguir ni un minuto más entrenando al Real Madrid. Su respuesta: “ Hay derrotas que no duelen, y esta es una de ellas. El resultado fue hasta corto” aún siendo cierto, demuestran una irresponsabilidad que raya lo esperpéntico. Sus declaraciones son impresentables. Es como si se quitase las culpas por la derrota, cuando él es tal vez tan culpable como sus jugadores porque ni preparó el partido adecuadamente ni los mentalizó de la importancia que tenían los tres puntos en juego. Por no hablar de su actitud en el banquillo. Si en Minsk estuvo activo, en Getafe no dijo ni mu. Ni mandó, no corrigió ni nada de nada… Lo coherente seria su destitución.
A este Madrid, ni Casillas, el menos sospechoso, le funciona ya. Una mutación que parecía imposible, que el Dios Iker se volviera terrenal. En el fútbol las dudas contagian hasta a los más fiables.
En los dos partidos anteriores el Madrid había maquillado la realidad con dos victorias pírricas ante el Recreativo y Bate Borisov, pero el Geta les ha vuelto a sacar los colores y ha mostrar las miserias de este Real Madrid, que no tiene ni la excusa de sus muchas bajas por lesión.
Mientras el Barcelona daba un golpe de autoridad en Sevilla, el Real Madrid daba pena en Getafe. Está roto en todos sus departamentos y el mercado de invierno nunca ha sido una solución a corto plazo.
La semana se presume muy caliente en Concha Espina y en Valdebebas. El próximo 7 de diciembre, día de la Asamblea de Socios y Compromisarios, más de uno tendrá que responder ó callar para siempre.