Al filo de las dos de la madrugada del martes 9 de diciembre escribía en la soledad y silencio de la noche que “SCHUSTER SOBRA EN EL REAL MADRID”. Era como una premonición. Doce horas después era destituido como técnico madridista.
Un entrenador del Real Madrid no puede dar la sensación de cobardía que dio Schuster, bajando los brazos y rindiéndose de antemano antes de visitar al rival de siempre, el Barcelona.
Aquello fue una afrenta al orgullo de unos jugadores que durante la segunda parte frente al Sevilla se vistieron de la épica que tantas veces ha levantado al equipo blanco. Aquello era un deshonor para unos jugadores que si algo les queda, es, coraje y vergüenza profesional. El sello del Real Madrid.
La situación exigía reaccionar de inmediato y al mediodía el alemán cayó. El lo ha buscado y lo ha encontrado. Se lleva cuatro millones y medio de finiquito, pero el desprestigio como entrenador.
No busquen otras razones… La actitud cobarde, tal vez premeditada de Schuster, le ha costado el puesto, como no podía ser de otra manera.
El alemán, con sus declaraciones tras el partido en Getafe, y sobre todos después de la derrota sufrida frente al Sevilla, se ganó a pulso su destitución que le debió llegar el día que el Real Unión de Irún les eliminó de la copa del Rey.
Los problemas del Madrid los ha agrandado Schuster con un sistema de entrenamiento a la buena de Dios. No ha conseguido la mínima idea de equipo y ni siquiera ha podido ofrecer algunas jugadas de estrategia. Ha sido el entrenador menos innovador que ha pasado por el Bernabéu.
Por supuesto que el alemán no es el único culpable de la mala situación que está viviendo el Madrid, pero era la solución más fácil. Hay otros dos que como con Juande Ramos, buen entrenador, buen profesional, conocedor de la liga española, no se cumplan los objetivos también terminarán cayendo. Ramón Calderón y Pedja Mijatovic se han quedado sin escudo protector. Muerto el entrenador y como su sucesor no levante al equipo, los pañuelos solo tendrán un destinatario: el presidente y su segundo de a bordo, Pedja Mijatovic.
Los sueños imposibles de Calderón, los fichajes extraordinarios frustrados, impidieron componer una plantilla compensada.
A rey muerto, rey puesto. Schuster ya es historia del Real Madrid. Es la hora de Juande Ramos, un manchego de Pedro Muñoz que a la carrera fue presentado e inmediatamente dirigió su primer entrenamiento. El fútbol no espera. Se estrena en champions y contra el Zenit.
Acaba de aterrizar y sin embargo, la puesta en escena de su presentación, donde casi se le exhibió como un salvador, demuestra que Ramón Calderón y la dirección deportiva esperan un golpe de timón, soluciones urgentes ante la crisis de un noviembre negro, con tres derrotas en los últimos tres partidos de Liga.
Juande Ramos se enfrenta al mayor reto de su carrera deportiva: reflotar al Real Madrid, club que atraviesa uno de sus peores momentos de los últimos tiempos. El nuevo técnico blanco tiene una enorme trayectoria en los banquillos, pero es la primera vez que se hace cargo de un grande. Es su momento, y sólo piensa en aprovecharlo, junto a su segundo Marcos Alvarez.
Es famoso el estilo meticuloso y extremadamente serio de Juande. Su pasión por el fútbol es tal que alguien que le conoce bien ha llegado a decir de él que a veces es complicado localizarle, "porque puede estar viendo un partido en Bulgaria".
Hace apenas un mes y medio, Juande Ramos fue despedido del Tottenham. El club inglés hizo dudar al manchego, no sólo por la desorbitante cantidad económica que le ofrecieron (6.5 millones de euros), sino también por el excitante proyecto que le plantearon. En su primer año en el banquillo de los 'Spurs', Juande levantó un título, la Carling Cup. Era su sexto triunfo en una competición oficial en 16 meses, y el primero del Tottenham desde 1999.
Antes ya había conocido las mieles del triunfo con el Sevilla, al vivir con el equipo hispalense el mejor momento de su historia, logrando dos copas de la UEFA, una copa del Rey, una Supercopa de Europa, una Supercopa de España y el reconocimiento de la FIFA como “Mejor equipo del 2006”. En pleno éxtasis, José María del Nido le calificó como “el mejor entrenador del mundo”.
Después la mala, y casi nula, relación con el presidente del Sevilla, fue decisiva para que Juande abandonara al Sevilla. La afición del Sánchez Pizjuán no entendió la decisión del manchego, y pasó de adorarle a considerarle un traidor.
Ahora ha alcanzado su sueño de entrenar a uno de los grandes: el Real Madrid al que ha visto muy herido. Su primer objetivo es recuperar la motivación, y para ello ya ha lanzado su primer mensaje: “El Madrid solo puede afrontar los partidos pensando en la victoria, me da igual que sea en Barcelona”.
Palabra del nuevo entrenador blanco, una perogrullada que sin embargo es noticia en los tiempos que corren por Chamartín.
En su primera aparición, Juande alabó a sus zagueros, pero señaló que la seguridad depende del "funcionamiento general del conjunto". Ahí entra en juego el conocido rigor táctico del ex técnico del Sevilla. Se decía de Schuster que no trabajaba lo suficiente en los entrenamientos. Ahora, Juande ha de imponer su estilo, trazar un plan y llevarlo a cabo en un plazo muy corto de tiempo.
Y es que aunque el banquillo del Madrid es siempre apetecible, en estos momentos parece un caramelo envenenado. A nueve puntos en Liga de un Barça estelar, el sábado hay visita al Camp Nou sin los lesionados Pepe, Diarra y Van Nistelrooy, más el sancionado Robben, todos ellos esenciales en sus puestos. Tampoco hay un lateral izquierdo puro que pueda hacer frente a Messi.
Olvidada la Champions hasta febrero, el panorama liguero en Navidad se oscurece con las visitas al Bernabéu de Valencia y Villarreal. Ahora mismo, el Madrid está fuera de los puestos de Champions, todo lo que no sea atar los partidos de casa, sería despedirse del título con seis meses de antelación.
Con Huntelaar fichado hace una semana, se esperan más fichajes para paliar las lesiones de larga duración. Arshavin, en la agenda de Juande este verano, parece harto y desganado en San Petersburgo. "Pudimos ficharle y es un magnífico jugador", admitió el manchego.
Y detrás aparecen las promesas de Calderón, que adelantó que la estrategia era fichar a un par de jugadores jóvenes, buenos y rápidos. La lesión de Diarra hace pensar en la posibilidad de incorporar un centrocampista defensivo. Además, las continuas lesiones atrás no descartan la opción de otro central.
El fin de la era Schuster da comienzo a la era Juande. Atrás queda una Liga y una Supercopa. Por delante, una temporada que arreglar y una ansiada Liga de Campeones de la mano del técnico que está ante la gran oportunidad de su vida. Y lo sabe. Dejémosle trabajar.