
He preferido que pasen unas cuantas horas antes de referirme a todo lo sucedido en la jornada dominical alrededor del Real Madrid, para hacer un análisis lo más objetivo posible.
Vaya por delante que el Madrid no mereció perder frente al Sevilla. Si lo hizo fue por la nefasta actuación del colegiado González Vázquez , a quien no parece gustarle el color blanco. Su actuación infame fue determinante en el resultado final. Así de claro.
Pero, a pesar de todo este Real Madrid está lastrado por su dibujo táctico y por una falta de método y de sistema que asusta. Si sobrevive es el por el orgullo y la casta de unos jugadores que se resisten a caer y que con el gran segundo tiempo que hicieron devolvieron la dignidad al club. Hay individualidades y falta juego de equipo.
Está bien tirar de la épica y la heroica, pero eso debe ser algo excepcional, cuando el fútbol no fluye… El problema es que no se puede vivir siempre pendientes de milagros y testosterona. Cuando no hay un plan y se vive al filo de la navaja, ni siquiera el honrado esfuerzo de unos profesionales dispuestos a morir matando, puede evitar la derrota como la sufrida ante el Sevilla.
El otrora “Dios Iker”, definitivamente se ha hecho terrenal, volvió a fallar. Puede ser injusto decirlo pero así fue. Quizá su falta de confianza, de inspiración sea un síntoma de los tiempos tumultuosos que se vive en la casa blanca: desde las lesiones (Diarra estará nueve meses de baja), hasta los árbitros que ya ni le respetan. La actuación de González Vázquez es para tenerlo en la nevera más de tres meses. Perjudicó a los madridistas. Dio la sensación que lo hizo con premeditación.
No obstante, el Sevilla sin hacer nada del otro jueves fue capaz de hacerle cuatro goles a un Real Madrid muy alocado y con gran desequilibrio táctico, en los primeros 45 minutos. Llegó en contadas ocasiones y le hizo cuatro goles. Algo inaceptable para un equipo que se precie como grande.
Perdió, pero alivió la autoestima de los madridistas con un partido confuso y heroico, del que salió derrotado pero digno. Fue un duro desenlace para los jugadores blancos, pero peor fue escuchar como su entrenador les sentenciaba para el Camp Nou al declarar “que no es posible ganar al Barcelona” Schuster con esas señales de capitulación, manchó el buen nombre del club, y echó por tierra a los suyos.
De impresentables y cobardes se pueden calificar esas declaraciones. No merece seguir ni un minuto más entrenando al Real Madrid. Su libreto ya se ha acabado ya no da más de sí. El alemán ha entrado en una especie de delirio en los últimos tiempos que se está trasladando al equipo. No es capaz de ofrecer un plan estable en el capitulo defensivo, indefinición en el juego, y la constante sensación de amargura que expresa en todo momento, está lastrando al conjunto blanco. Su presencia es más un problema que una solución.
Yo que Calderón, esa misma noche le habría dicho que pasase por caja para su finiquito. Nadie duda que el Barcelona presenta un estilo más estético y que está en estado de gracia practicando un gran fútbol; y que con nueve puntos de diferencia el clásico del sábado parece casi decidido, pero de ahí a bajar los brazos antes de jugar, media un abismo.
El espíritu del Real Madrid no es ese que pregona su derrotado y abúlico entrenador que ha dejado a sus jugadores tirados, sino que es aquel que se levanta con orgullo y se crece ante las adversidades.
Si el entrenador desconfía de la victoria, y se rinde de antemano, no parece que la moral de la tropa sea la adecuada para desembarcar en el Camp Nou de Barcelona. Schuster, insisto, no merece ser entrenador del Real Madrid. Debería estar ya en la calle.
Por otra parte, en la Asamblea de socios, Calderón sacó las cuentas pero se dejó por el camino el poco crédito que ya le queda. Arropado por los ultras, hubo vítores hacia Ramón Calderón y gritos de dimisión y hasta enfrentamientos. Fue bochornoso. La fractura social es un hecho. La familia blanca está rota, resquebrajada y dividida. Por el bien del Real Madrid, Ramón Calderón debería convocar elecciones. No pueden dar la imagen que están dando.
Con un entrenador que ya no cree y dice que ganar es imposible. Con unos futbolistas sin fútbol a los que parece que solo les queda el orgullo. Con un equipo que está fuera de posiciones de la Champions y con un club que se gobierna a gritos, es para perder toda esperanza ante lo que se avecina. Sin embargo, algunos se resisten. Schuster sobra.