
Los sábados y los días que el
Madrid juega antes que el
Barça son, para los madridistas, en ocasiones, la noche y las horas del consuelo. Se adelanta la ilusión con la esperanza de que los azulgrana pifien y los nueve puntos sean realidad. Pero tal y como está el Barcelona, no hay quien lo pare ó al menos eso es lo que se deduce de su andadura por esta liga que puede quedar sentenciada antes de lo previsto, si los azulgranas continúan con la misma
contundencia.
Lo malo del Madrid, que gana, aunque sea por
1-0, no es la distancia que le separa, matemáticamente, del Barça. Lo que rumian los madridistas, y de vez en cuando muestran su malestar en el
Bernabéu, es la diferencia en la calidad del juego. Ganó el Madrid al Racing, con apuros y casi pidiendo la hora en el tramo final, y el Barça, habitualmente,
machaca a su rival, le
golea y se
divierte.
A Madrid y Barça les separa el hecho incuestionable de la brillantez de los componentes de cada equipo. El Barça tiene varios jugadores que encandilan y sobre todo uno,
Messi, que está muy por encima del resto de futbolistas de la Liga. El Madrid únicamente tiene a
Robben como referencia excepcional.
Por esta circunstancia, bastante está haciendo este Real Madrid (el más pobre y el de menos enjundia que uno recuerda), aguantando y siendo el
único perseguidor que le está metiendo algo de presión a ese Barcelona ambicioso de
Guardiola.
El Real Madrid de
Juande ha consolidado su seguridad defensiva y sus números (7 victorias consecutivas- desde que llegó el técnico manchego, el Barcelona sólo le ha distanciado en los tres puntos que le ganó al Madrid en el Camp Nou-), pero a ese número mágico de victorias, en muchos casos muy sufridas, no le acompaña ese duende del
buen juego y de calidad que siempre ha caracterizado al Real Madrid.
La séptima victoria consecutiva confirma el trabajo bien hecho por un entrenador al que se llamó para
tapar un agujero y acabar con la sangría de goles que el equipo estaba recibiendo con
Bernd Schuster. Lo ha conseguido, pero lo está logrando sin brillantez y con escasas emociones en el juego. Y esto no gusta a la parroquia madridista. Sólo pueden soportar ese juego menor cuando el título es una posibilidad, como sucedió con
Fabio Capello. Hoy por hoy, eso parece inalcanzable.
El Madrid
aburre y, además, se los pone de corbata a su gente
pidiendo la hora como si de un equipo menor se tratara. Es decir, este Madrid triunfal, festivo y ensalzado por muchos medios de comunicación que carecen del más mínimo sentido crítico, no asusta, que es lo que le corresponde a un equipo con el
mayor presupuesto de nuestra Liga y entre los primeros del mundo.
A este Madrid sólo le sostienen
los números… Todo estaría muy bien para una gran mayoría de seguidores blancos, si el gran enemigo el Barcelona no fuera como un
Fórmula 1 y si el aficionado español medio no dejara de ensalzar el juego de los azulgranas, frente a la mediocridad madridista.
Aquí está la explicación de esos pitos que cada sábado y domingo se oyen en el Bernabéu y dirigidos a un entrenador y a un equipo que acumula
siete victorias consecutivas y que intenta mantener el pulso ante la hemorragia de juego del Barça.
Unos pitan, y la
gran mayoría de seguidores se refugian en el
silencio, conscientes de las circunstancias institucionales en las que se encuentra este triste Real Madrid que no invita al optimismo.
Gana una vez a la semana, mientras carga los depósitos para el cruce de
Champions con el
Liverpool, la gran cita con la que el técnico quiere jugarse su futuro en el Real Madrid, que de momento sólo espera la llegada del Mesías, “el ser superior” :
Florentino Pérez, que es esperado como el gran salvador, como si no hubiese nadie capaz de hacerlo.
Este Madrid sin jerarquía y rudimentario, no sabe, no contesta más que con la frialdad de la estadística de sus
21 puntos logrados de los 24 posibles disputados. Unos números que si para otros equipos de menor fuste pueden ser de matrícula de honor, para el Madrid no deben significar más que
una buena anécdota de lo que debe ser su potencial: resultados positivos y espectáculo en cada partido. Y sufrir pidiendo la hora del miedo en vez de acobardar a los contrarios no es un papel que le corresponda al caché que debe tener un equipo como el Real Madrid.
El equipo más grande de la historia y el
mejor del siglo XX, según la FIFA, siempre se ha caracterizado por su
espectacularidad, por el
buen gusto y buen estilo en el juego. Ahí está ese Real Madrid de los años cincuenta con
cinco copas de Europa seguidas y ligas por doquier… El
Madrid Ye-ye de los sesenta logró la sexta y continuó agrandando su historia. En los años 70, con
Miljanic, más títulos de liga con jugadores como Netzer, Wolf, Paul Breitner, Velázquez, Amancio, etc, como abanderados. En los ochenta, la
quinta del Buitre se exhibió practicando un fútbol de lo mejorcito que se recuerda en este país. En los 90, Hierro, Mijatovic, Roberto Carlos, Raúl y compañía conquistaron la ansiada
séptima copa de Europa y la octava… Luego llegó el
Madrid galáctico con Zidane, Ronaldo, Beckham y Figo que hicieron las delicias del mundo del fútbol, que quedó resumido en el mejor gol que se ha marcado en la liga de campeones: el que hizo
Zidane en Glasgow, en la final de la copa de Europa frente al Bayer Leverkussen, que significó la novena.
Qué tiempos, verdad? Ahora con lo que hay no se puede pedir más. Este equipo, primero de Schuster y ahora de Juande Ramos
no está capacitado ni confeccionado para entrar en la historia. Juande no tiene más remedio que ejercer de
artesano y dejar las obras de autor para los que le sustituyan a partir de julio, cuando las
elecciones traigan un presidente que devuelva el orgullo y el buen estilo.
También, en buena lógica,
vendrá un entrenador. Solo la consecución de la Champions podría salvar al buen técnico manchego. Juande sabe que no entra en los planes de
ninguno de los candidatos que se puedan presentar a las próximas elecciones. Un servidor, igual que hizo Laporta, cuando estaba con el agua al cuello, confiaría en alguien que conozca la casa. ¿Por qué no
Michel? Es una sugerencia. Estoy convencido que Michel lo haría tan bien ó mejor que lo está haciendo Guardiola en el Barcelona. ¿Qué os parece?
Insisto, en este Real Madrid de hoy en día no hay más cera que la que arde…